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La virtud, manipulación o demagogia

10/02/2019 17:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Nadie es el ciudadano perfecto, si hay mejores o peores

Para Rosler El acento en la virtud de los ciudadanos no supone una moralización excesiva de la política, sino que sólo deben cumplir correctamente las exigencias de su función propia en el sistema constitucional de la polis. Adquiere especial relevancia la virtud de la prudentia, “recta razón en el obrar”, hoy en día denominada “sabiduría práctica”, que habilita al ciudadano a cumplir con sagacidad y buen juicio sus deberes y deliberar adecuadamente acerca de los asuntos públicos.

Rosler Atribuye al pensamiento republicano la necesidad de la virtud política del ciudadano en la polis, virtud en el pensamiento clásico de carácter funcional, es decir, relativo al buen cumplimiento de la tarea que corresponde a cada ciudadano conforme a la Constitución, y la virtud porque la razón de la ley no puede prever todos los detalles de la convivencia y se hace necesario recurrir a la recta razón de los ciudadanos. Tocqueville afirma que “En la constitución de todos los pueblos sin que importe cuál sea la naturaleza de la misma, se llega a un punto donde el legislador está obligado a depender del buen sentido y de la virtud de los ciudadanos”.

Rosler distingue entre dos formas de corrupción del discurso público:

· la manipulación, en la que el orador intenta cambiar la forma de pensar del público sin su mediación racional;

· la demagogia, en la que el retórico pretende halagar la opinión del público dejándola tal como está.

Frente a estas dos actitudes, la propia del político republicano no es la de “consentir al público ni tampoco [la de] manipularlo, sino que se propone cambiar las creencias y los deseos de los demás a la luz de la argumentación que se les presenta, siempre mediante la intervención del juicio de los eventuales persuadidos, alejándose de este modo tanto de la manipulación cuanto de la demagogia”.

La mejor garantía contra la manipulación y la demagogia sea precisamente la virtud cívica, la cual motiva a los ciudadanos y los provee del juicio necesario para tomar decisiones políticas correctas.

 

Aristóteles afirmó que “la virtud del ciudadano es necesariamente relativa a la constitución”. La virtud de un ciudadano dependerá de cuáles son las funciones que debe desempeñar.

Tocqueville sostieneque el interés republicano por la virtud se debe donde el legislador está obligado a depender del buen sentido y de la virtud de los ciudadanos.

Maquiavelo no duda acerca de la conexión necesaria entre el republicanismo y la virtud.

Las exigencias de la virtud cívica distan bastante de ser exigencias inquisitoriales o perfeccionistas, esto es, tendientes a que la vida de los ciudadanos se corresponda con una ideal de la vida buena o una concepción del bien.

La Virtud cívica hace referencia a un ciudadano que desempeña correctamente su función. La virtud cumple una tarea motivadora. En Roma había la necesidad de contar con ciudadanos lo suficientemente virtuosos como para interesarse por los asuntos públicos.

La demagogia, en la que el retórico pretende halagar la opinión del público dejándola tal como está

El republicanismo cree que el sistema político se trata de un producto que necesita de servicios y apoyo constante. Un sistema político republicano va a funcionar correctamente si es reconocido por los ciudadanos no solamente como un conjunto de razones autoritativas para actuar, sino además como una invitación a participar en política, gracias a su virtud cívica. La motivación correcta contribuye a que el resultado de la participación cívica sea valioso y fructífero. En una republica, los ciudadanos no cuentan con un sistema político, sino que son el sistema político. Dado que son los ciudadanos quienes eligen y finalmente componen el gobierno, sus decisiones serán tan buenas como su grado de virtud cívica. La virtud no solamente nos motiva a hacer lo que debemos hacer sino que además nos indica qué es lo que debemos hacer.

La insistencia republicana es el ideal del vir civilis, u hombre cívico, y en sus correspondientes virtudes intelectuales necesarias para el ejercicio de la ciudadanía, tanto en la asamblea pública cuanto en los tribunales. Cada ciudadano tiene que ser capaz de “enseñar a” y “debatir con” sus conciudadanos sobre la verdad, y por lo tanto contar con la virtud de la sabiduría, o sapientia, y por supuesto la prudentia, o razón práctica. Sin dicho conocimiento (ratio o scientia), un orador que hablara con la mayor soltura no sería más que un charlatán. Necesitamos ratio para conocer la verdad y oratio para transmitirla.

Un ciudadano republicano debe dominar la scientia civilis, o la ciencia política republicana, que se compone precisamente de ratio atque eloquentia, de razón y elocuencia.

 

Los debates en sí mismos no tendrían mayor sentido si amén de proveer de razones para actuar a los ciudadanos que conforman el público de dicho debate, el pueblo no contara con la virtud necesaria para “comprender la verdad cuando la oye” y de ese modo escoger “la mejor opinión” en el caso de un debate entre ciudadanos que pertenecen “a partidos distintos y que son igualmente virtuosos”.

Según el republicanismo la política se parece mucho más a un arte que a la aplicación de una teoría general sobre un valor, como por ejemplo la justicia. La retorica tiene que apelar no solamente a la argumentación, sino que además debe dirigirse a nuestra percepción y nuestras emociones. El énfasis republicano en la persuasión retórica no es sino la otra cara de la importancia concedida a la capacidad de juicio.

 

Para Hobbes La república por su propia naturaleza tiende a convertirse en un gran escenario para la demostración de habilidades oratorias, ya que en las asambleas “es necesario que cada uno de los que exponen su opinión haga uso de un discurso largo y perpetio, como pueda en aras de la estima de los oyentes”. Como muestra Maquiavelo y Cicerón, para el republicanismo la competencia por la excelencia tiene sentido en última instancia por los beneficios que aporta a la república en su conjunto y no solamente a los ciudadanos.

Cicerón, quien no tenía dudas de que nada “puede ser más hermoso” que “una república gobernada por la virtud”, respecto de la articulación entre la virtud y el debate al sostener que es la virtud misma la que provoca el debate: “debemos tener suficiente inteligencia, poder y técnica para poder hablar in ultramque partem, desde el punto de vista de ambas partes”.

 

La sola virtud de los ciudadanos no es suficiente sino que hay que tomar medidas para que el favor popular del que algunos ciudadanos pueden llegar a gozar no corrompa la república. La corrupción, un término que designa sencillamente la inexistencia de virtud.

Maquiavelo habla repetidamente de la vida política como lo opuesto de la corrupción.

 

El buen ciudadano para los republicanos es el compromiso con la republica, obediencia a la ley, imparcialidad en la ley, amor a la libertad, retorico argumentativas de la política, y al ser animales políticos hay una dimensión de nuestra vida que es lo publico y no podemos sin eso desarrollarnos en la política.

El republicano considera que uno debe desarrollarse en el ámbito publico y privado. Por tanto, nadie es el ciudadano perfecto, si hay mejores o peores.


Sobre esta noticia

Autor:
Joanna Lagunowicz (27 noticias)
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Tipo:
Opinión
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