Globedia.com

×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Gabriel Soca escriba una noticia?

Violencia de género en Uruguay, una sombra en la oscuridad

23/11/2011 04:39 1 Comentarios Lectura: ( palabras)

Cada 14 días murió este último año en Uruguay, una mujer, víctima de violencia doméstica. La violencia ha ganado terreno en todos los órdenes, llámese en el deporte, centros educativos, en el tránsito, en el sistema político. O para donde usted quiera ver, allí la encontrará

Cada 14 días muere en Uruguay una mujer asesinada por su pareja o alguien con quien tuvo una relación, según datos del Observatorio de Violencia y Criminalidad del Ministerio del Interior. Es muy grave que eso ocurra. Pero no es mi intención en este espacio, llover sobre lo mojado. ¿Cuántos años hace que se hacen comentarios sobre el estilo llenando titulares de prensa y otros medios? Sin embargo el problema se ha acentuado. ¿Y por qué? Esa es la gran pregunta. Si hay organizaciones sociales que trabajan a partir de la mujer en situación de crisis familiar, el estado por su parte ha desarrollado programas con cobertura llevados adelante por parte de personal especializado. Se realizan actividades como talleres, seminarios y trabajos con grupos zonales. ¿Qué sucede entonces? Recuerdo días atrás haber visto en un periódico capitalino un reportaje muy sensibilizador y bien trabajado por la periodista María de los Ángeles Orfila, cuyo interior contenía una interminable lista de nombres de mujeres, niñas y bebés muertas por tan cruel causa, tres páginas que se parecían más a esa otra parte del diario que usted se imagina.

Se me ocurre plantearme qué hace que las personas sean violentas. Quizás el hombre sabedor de su superior condición física abusa de ese destino de la naturaleza. Pero no es un animal, tiene inteligencia, capacidad para comprender lo que está mal y no debe hacer. Si no sabe dialogar y se enoja por qué llegar a lo físico. ¿Cuántas veces discute con congéneres y se cuida de irse a las manos?, o por lo menos piensa dos veces. Eso es viveza, se mete si le conviene, claro que hay excepciones, es verdad que en oportunidades lo domina el instinto. Veamos otro aspecto, ¿han notado ustedes que no es la misma conducta cuando está solo que cuando es parte de un grupo, el que sea? A veces hasta por causas poco claras, la demostración de hombría entre hombres es muy importante, no exponerse a burlas, parecer de los más malos confirma la virilidad, se gana respeto.

Otra pregunta que me hago es: ¿hasta dónde importa al Ministerio del Interior hincar el diente a este problema? Sobre todo cuando la popularidad de los últimos gobiernos en materia de seguridad decrece a pasos agigantados? Se formulan cambios, reorganizar, capacitar a la policía, dotarla de mayores y mejores recursos e infraestructura. Todo en el mejor de los casos apuntando a disminuir los índices de delincuencia. Pero las cosas siguen poco claras, en la gestión de Tabaré Vázquez se priorizó el perfil social como su origen por lo que se ejecutaron planes de acción a partir de ese criterio, sin resultados. La administración Mujica vio el fracaso e intentó modificar la postura con un híbrido de trabajo social, disuasión y castigo. La oposición oportunista junta firmas para bajar dos años la Ley de Imputabilidad a partir del 2015. De todo este collage ¿qué ha salido? Más de lo mismo. Vemos entonces que no hay mucho tiempo para dedicar a la solución de la violencia de género porque hay cosas que dan más rédito político y, tampoco abren el juego. ¿En qué sentido digo esto? Son grupos cerrados, siempre los mismos, los que han descubierto durante años su ineficiencia, los que participan en todo tipo de actividades protocolares, dan charlas como decíamos al principio, cobran suculentos incentivos algunos y un sueldo otros, en el menor de los intereses engrosan curriculums. Pero siempre los mismos rostros, equipos interdisciplinarios, autoridades, grandilocuencias, pero todo cada vez va peor y, mire que hay gente calificada fuera del sistema para brindar otras visiones, viables y capaces de dar soluciones. Si hasta parece que temieran que les vayan a quitar protagonismo, ¿o será que la repartija es pequeña?

Sepan ustedes que por estos días se hablará y escribirá en porcentajes de espacio y tiempo superior a lo habitual sobre violencia doméstica, pero en un futuro cercano, yo diría algunas semanas, irónicamente ganará el zapping y volverá a imperar la hipocresía de convivir sin más trámite con este flagelo.

En la gestión de Tabaré Vázquez se priorizó el perfil social como su origen. La administración Mujica vio el fracaso e intentó modificar la postura

Como dije de no llover sobre lo mojado resumiré una historia atípica de violencia doméstica. Un amigo muy cercano es el protagonista. Después de varios años de casado, más de la cuenta cuando llegaron los niños, su esposa y la familia de ella comenzaron a practicarle violencia. La madre sólo permitía dejar a los niños con la abuela cuando no estaban ellos, inducía a que ella ocupara el rol del padre, que es cierto, al principio tuvo dificultades para desempeñarlo por ser algo veterano para esas lides. Vaya problema cuando éste empezó a aprender a higienizar, alimentar, proteger y dar amor a sus hijos. Madre y abuela comenzaron a sentirse ofendidas, todos los tiempos recreativos, paseos, salidas de vacaciones siempre los hacían con la familia materna, no había espacio para “los otros” ni para ese núcleo familiar que también necesitaba consolidarse con los chiquitos. El hombre planteaba lo que creía falta de equitatividad, sin resultado, más bien sí había consecuencia, más enojo en ambas mujeres. La reiteración de lo mismo con el paso del tiempo iba degenerando en discusiones por cualquier motivo externo a la razón principal. Hasta que la señora decidió poner fin a la relación. Un sábado del último verano se fue con los niños y su familia materna a pasar el fin de semana en la casa de playa. El hombre asintió quedarse para no agregar stress a los hijos esperando que, fuera de la debacle, disfrutaran la naturaleza. La cuestión que al otro día, domingo de mañana volvió a la casa acompañada de un familiar a recoger su ropa de trabajo informando al esposo que los niños quedarían afuera y ella se iba a instalar también ahí viajando diariamente a trabajar a la capital. En todo el mes no dejó que los niños y el padre se encontraran, interpuso una demanda por violencia física y psicológica utilizando así la ley para sacarlo de la casa. El juez dispuso medidas cautelares recíprocas que levantó en la siguiente audiencia por no haber mérito para continuarlas. En la demanda de divorcio solicitó expresa declaración de culpabilidad contra el esposo por la supuesta violencia, sus testigos -familiares- declararon todo tipo de agresiones y marcas en el cuerpo de la demandante, pero llamativamente ante la pregunta del juez nunca las vieron ni fueron detectadas por médicos, no hubo denuncias policiales, ni siquiera alguna foto con celular que las avalara. Hoy después de varios meses de intentar negociar con la madre las visitas a los niños, su padre debió interponer un recurso para mejorar el contacto con ellos que actualmente es de tan solo un día y medio semanal. Mientras tanto, la familia de ella intenta manipular sobre todo al más grande, para convencerlo de todo el daño físico que su padre le propinaba a la mamá.

Varias pueden ser las conclusiones. Respecto a la madre y la abuela las dejo por su cuenta. De mi parte, extraigo más de lo mismo, acá no hay una mujer muerta, hay un hombre que por egoísmo y vaya a saber qué miserable enfermedad colectiva, se quedó sin esposa, apenas tiene contacto con los hijos y, no conformes, intentan ponerlos en su contra.

Para terminar quiero aconsejar a todos los hombres, como lo hice con este amigo, que si sienten que están en crisis familiar no duden en acercarse a la institución "Renacer" , única en Uruguay y de las pocas en América que trabajan sobre violencia a partir de la masculinidad . En la condición que se encuentren, agresores, agredidos, dificultades económicas, prevenir hechos que se pueden lamentar. En la calle San José 1317 - Montevideo, lo atenderá en terapia de grupo el Lic. Robert Parrado, un especialista en temas de familia y de seguridad. Tenga en cuenta que lo que un individuo proyecta en su hogar y desde ahí las familias en su conjunto, conforman la base capaz de sustentar una sociedad más pacífica y armoniosa.


Sobre esta noticia

Autor:
Gabriel Soca (4 noticias)
Visitas:
555
Tipo:
Opinión
Licencia:
Distribución gratuita
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Comentarios

×
¿Desea borrar este comentario?
Borrar
0
+ -
Responder

Usuario anónimo (30/11/2011)

Muy bueno y recomendable