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Venezuela, una visión personal

23/01/2016 20:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En Venezuela se ha aprendido a vivir con la inestabilidad. El país vive sumido en una situación que ya lleva muchos años siendo cualificada de insostenible. ¿Cuánto más se puede alargar sin que se llegue romper por completo?

Uno llega a la conclusión de que salvando las particularidades que tiene el país, el principal problema de Venezuela no dista mucho del mal que sufren otras naciones; la continuidad en la mediocridad de sus dirigentes de uno y otro bando político y de sus decisiones políticas. El interés propio por encima del bien común, la crítica y la lucha continua contra el adversario político, gubernamental, geográfico, etc., la reivindicación histórica como arma arrojadiza, la mala lectura de lo que es “orgullo nacional” de unos contra la actitud sumisa ante los dictámenes de los grandes de otros…todo ello se ha convertido en el caldo de cultivo de muchas de las medidas que se han acabado tomando por los diferentes gobiernos para establecer las líneas políticas de los mandatos gubernamentales. Dicho de otra manera más llana y vulgar si se me permite, una serie de decisiones estúpidas puramente fundadas desde el interés por parte de unos y otros, repetidas cada cierto tiempo y amparadas en la ideología política. Gobiernos que han sido reactivos o sumisos, pero que de cualquier forma nunca han sabido anticiparse a los problemas del país y los cambios en su sociedad. Venezuela es un país muy difícil de entender, de gestionar y de gobernar, con unas circunstancias que por suerte o por desgracia forman parte de su peculiaridad, y ello me lleva a pensar que el primer cambio que debe acontecer debe ser de carácter cultural, y nacer de la voluntad y la comprensión de todos y cada uno de los venezolanos. Esa idea no pertenece a nadie, y ninguna ideología política debería hacérsela suya.

En una sociedad que en su conjunto es poco productiva, la clase baja está sobreprotegida socialmente, algo muy necesario desde el punto de vista de la gobernabilidad si no se quieren tener graves problemas en un país donde la clase pobre (clase E) y la clase baja-media (clase D) suman el 80% de la población, según los datos de Datanalisis a enero de 2012. Los datos y los hechos parecen demostrar que la gestión de las clases mas bajas del país siempre ha sido mal entendida. Con la ideología por bandera nadie se ha preocupado por hacer de Venezuela un país interesante en términos laborales, ni tan siquiera para muchos de los venezolanos que trabajan o que quieren emprender. Desde el punto de vista nacional e internacional se ha convertido en un lugar muy poco atractivo para crear o invertir en empresas, para la innovación y el desarrollo de nuevos modelos de negocio, para la iniciativa emprendedora y para la profesionalización de personas, oficios o técnicas productivas, así como para iniciar o incentivar procesos de internacionalización de empresas. El resultado es que Venezuela ostenta el peor índice de clima de negocios de Sudamérica y uno de los peores del mundo (lugar 181 de 187, justo por encima de Myanmar, El Congo y Eritrea y por debajo de Haití, Senegal, Angola y Guinea Bissau)2.

La clase media, o mejor dicho, la “nueva clase media” venezolana, definida en el estrato socioeconómico C y que en su gran medida son las familias de miembros con formación académica superior o profesionales técnicos, pequeños comerciantes y pequeños propietarios con descendencia nacida a finales de los 70 y en los 80, y que no ha caído en la polarización radical de uno u otro bando se encuentran con la eterna pugna entre bandos; la peligrosa ultraderecha y la izquierda rancia y bélica, y probablemente se pregunten una y otra vez si eso es todo lo que Venezuela les puede ofrecer y hasta donde llega lo que ellos pueden hacer para Venezuela. Este es un hecho que considero de suma importancia, dado que esas generaciones han crecido observando un panorama muy diferente al que muchos entienden para Venezuela ahora mismo. Es posible que hayan observado una “ficción” de lo que es el mundo y el progreso humano, hilvanado a la perfección por el capitalismo en su estado más puro, con esa falsa sensación de que todo va bien mientras hagas lo que te dicen. Es un hecho ineludible que los jóvenes que hoy están en edad de llevar el país hacia delante no tienen en su haber la experiencia de vivir otras épocas más oscuras, donde algunas de las libertades que ahora se reclaman en las calles como inexistentes eran realmente recortadas con aun más perversión, pero también han aprendido, gracias a la perspectiva y a la información adquirida a través del sentido común, la apertura al mundo y el intercambio cultural, cuales son los pecados de la Venezuela de hoy en día. La realidad más palpable y la que más sufre la gente normal, aquella que une a un ciudadano venezolano con uno español, o a un chileno con un italiano, es que ninguna corriente ideológica ha creado una marco justo para todos los que componen una nación.

Ni las políticas de derechas de ningún integrante de la MUD son la panacea a los males de país, ni las políticas socialistas del chavismo son efectivas para luchar contra la presión de las grandes potencias capitalistas y contra la sociedad del consumismo y la explotación. Esa eterna bipolaridad que muy a menudo nace de la propia gente, es la que lleva al país al nunca entendimiento. Y de mientras unos cuantos se enriquecen a costa de todos, clases bajas, medias y media-altas. Y lo que es peor, la utilización política oportunista de los problemas nacionales es inmediata y siempre trata de dinamitar al contrario en vez de tratar de aportar soluciones.

"Las medidas absurdas de unos favorecen el ascenso en términos de popularidad de los otros, y el populismo crece y las emociones desatadas se transforman en votos."

Para ser concretos, después de un largo tiempo de reflexión, posterior a haber realizado un trabajo de información a través de publicaciones de toda clase, videos, documentales, charlas informales, opiniones de unos y otros, etc., tengo la sensación de que al final, nadie se ha preocupado realmente por Venezuela sin pedir algo a cambio. La lucha eterna entre el bienestar de unos u otros, y no de todos, ha provocado muchos de los problemas que sufre hoy el país. Pero es curioso observar como “ese problema”, que no es más que la estúpida separación de personas por su condición política e ideológica, social, económica o incluso por su color de piel o procedencia familiar, ha sido creado por la clase dirigente y secundado por la misma población. Las razones por las cuales la sociedad explotó durante el caracazo de 1989 son curiosamente muy similares en esencia a los motivos de las protestas de hoy en día. Desabastecimiento, inoperancia de las clases dirigentes, sectarismo, situación económica desastrosa e inexplicable, etc. La única diferencia es que en aquella ocasión fue un gobierno de derecha contra la clase baja y en esta ocasión es un gobierno de izquierda contra la clase media y media-alta. El “expertise” y la metodología han cambiado y parecen haberse adaptado a las nuevas épocas; en aquella ocasión se optó por salir a la calle a protestar de manera más o menos pacifica, y ahora se utiliza una campaña mediática de desgaste y de condicionamiento de la opinión pública la mitad de cruel pero doblemente eficaz. Las medidas absurdas de unos favorecen el ascenso en términos de popularidad de los otros, y el populismo crece y las emociones desatadas se transforman en votos. Esa parece ser la decepcionante dinámica para muchos venezolanos que más allá de haber votado y confiado en una u otra fuerza política, ven como el país se mueve en una constante inestabilidad. Es curioso observar la coincidencia entre el futbol y el fervor político en algunos puntos; los dos se valen del “robo” de las emociones de la gente para beneficio propio: “…si gana mi equipo, o si gana mi partido político, hoy estoy contento y me da igual todo lo demás”. En cierto manera es un “ya puedo estar tranquilo porque ellos harán por mi”.

Me pregunto una y otra vez hasta cuando se sostendrá la situación actual. Considero firmemente que el debate sobre está o aquella ideología se está quedando obsoleto, y además es tremendamente útil para la alta alcurnia política. Eso es porque mantener ese debate siempre activo reporta muchos beneficios a esa élite; gente corrupta, enchufados, dirigentes sin escrúpulos, empresarios afines o gente sencillamente inepta e inútil para la gestión de una entidad o cargo público, y que encima se llenan la boca hablando en nombre de su verdad, la única, la mejor y la más grande. Da igual la combinación de factores, el resultado es siempre el mismo; la corrupción golpea a todos por igual en todo el mundo sean de derechas o de izquierdas. En España, en Venezuela, en EEUU, en Italia, en Marruecos, en Brasil, en Qatar, en Tailandia, en Rusia, en el Congo, en Corea, y en una larga lista de países más. Si trazáramos un mapa podríamos abarcar el mundo entero, de lado a lado.

Una de las conclusiones más certeras es que si no se regulariza el clima de tensión a corto o medio plazo, nadie va a poder gobernar Venezuela. Ni ahora ni después. Como empezamos a ver, ya no se trata más de la izquierda o la derecha, sino de arriba y abajo. Podemos seguir discutiendo y peleando porque unos están en un lado y los otros en el otro, y cada uno se cree el mejor, pero si no empezamos a cambiar el modelo empezando por nuestra mentalidad, si no empezamos a invertir nuestro esfuerzo en aquello que realmente importa, quienes están arriba van a seguir ejecutando para su beneficio en nombre de X, por muy socialistas o muy opositores que se quieran hacer ver, y quienes están abajo van a seguir pagando las consecuencias del desastre.

 

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