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A propósito de la cadena perpetua... y de José Antúnez Becerra

05/03/2015 21:23 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Tras la aprobación de la prisión permanente revisable se vuelve a insistir desde diversos sectores en otra Justicia Restaurativa basada en la Mediación. En España, presos como José Antúnez Becerra, que lleva más de 40 años en la cárcel, ya sufren una cadena perpetua encubierta

La legislación española recogió a partir de la reforma de 1995 el cumplimiento íntegro de las penas que podían tener, al menos sobre el papel, una duración máxima de 40 años. Tras la nueva reforma del Código Penal, aprobada el pasado martes en el Senado con el único voto a favor del PP, se instaura la prisión permanente revisable, eufemismo de la cadena perpetua encubierta que ya se practica en numerosos casos y de manera aberrante en la desproporcionada cantidad de prisiones que pueblan el mapa carcelario-inmobiliario del Estado Español.

Dicha prisión permanente revisable resultaría en todo caso inconstitucional al vulnerar los derechos fundamentales recogidos en nuestra Carta Magna, sobre todo en su artículo 25.2 en lo que se refiere al carácter de reeducación y de reinserción social al que debe de estar orientada la pena. Si a esto unimos el hecho de que España posee una de las tasas de criminalidad y de delitos violentos más baja de la UE, siendo uno de los países más seguros de su entorno a pesar de poseer el mayor número de población reclusa (en mujeres la tasa se triplica), resulta del todo desproporcionada y claramente inadecuada en estos momentos en los que se aboga de manera reiterada desde diversos sectores en practicar una nueva Justicia Restaurativa basada en la Mediación.

Pero el tema de la "cadena perpetua encubierta" no es nuevo dentro de la caja de Pandora del panorama carcelario español: José Antúnez Becerra que en estos momentos se encuentra en el Centro Penitenciario de Brians-2 (Barcelona) por su participación en el motín de Quatre Camins de 2004, sin tener delitos de los denominados "de sangre", lleva ya más de 40 años de cárcel. La historia de José Antúnez podría representar fielmente el perfil de pobladores anónimos que se apagan tras los muros de esos lugares anodinos a los que llamamos macrocárceles: persona reiteradamente estigmatizada por su precaria situación socioeconómica que acabó rebelándose de niño contra ese mismo sistema que lo discriminaba entrando en una espiral sin salida de pequeña delincuencia y de atracos que le llevaron primero a entrar en centros de menores y posteriormente, a los 18 años, en la cárcel de la que ya no ha vuelto a salir.

Como José Antúnez Becerra, que prácticamente no conoce la vida en libertad, decenas de presos sufren una "cadena perpetua encubierta"

Antúnez ya se acerca a los 60 años y prácticamente no conoce la vida en libertad. Lleva más de dos terceras partes de su vida entre rejas y no tiene previsto su excarcelamiento hasta el año 2029, fecha en la que probablemente haya muerto. En estos momentos se acerca ya a los 44 días de una nueva huelga de hambre indefinida con la que pretende conseguir la revisión de su caso, reiteradamente desestimada, el respeto a la dignidad de todas las personas presas y la democratización de la Junta de Tratamiento, responsable de los "programas de reinserción" y de proponer el acceso de los reclusos a los distintos tipos de beneficios penitenciarios.

Si a esto unimos que en España empleamos aproximadamente el mismo dinero en prisiones que en dependencia y 300 millones más que en política de vivienda; que en el periodo de 1997 a 2012 la construcción de prisiones siguió el vertiginoso ritmo de la burbuja inmobiliaria, edificándose 60 nuevos inmuebles destinados a la reclusión de ciudadanos y ciudadanas y que la cesión de dichas obras recayó en la Sociedad de Infraestructuras y Equipamiento Penitenciario (SIEP), empresa pública que subcontrata su ejecución a las "grandes" del sector de la construcción (ACS, OHL, FCC, Sacyr...), parece que la reinserción y reeducación hacia la que está orientada la pena no se encuentra entre las principales prioridades de nuesta administración.

Podríamos decir que José Antúnez Becerra es el último preso del Franquismo ya que nunca se benefició de la Ley de Amnistía a pesar de que fue un preso social activo de la Coordinadora de Presos en Lucha (COPEL) en la Transición y que quizás su único delito fuera acoger la pobreza y la incultura. El de Antúnez no es un caso aislado: en el Estado Español hay decenas de presos que sufren una cadena perpetua encubierta. Mientras actualmente se nos distrae con el debate "cadena perpetua sí o no", esta hace mucho tiempo que se está aplicando: hay muchos supuestos legales en los que no caben las limitaciones de 20 o 30 años y se suman las penas aritméticamente, llegando a cifras de años de condena como la de Antúnez.

La "cadena perpetua encubierta" ya se practica dentro de la desproporcionada cantidad de prisiones que pueblan el mapa carcelario-inmobiliario del Estado Español


Sobre esta noticia

Autor:
Cris Tolosana (4 noticias)
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Tipo:
Reportaje
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