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Política gaseosa

30/06/2018 07:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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En España, salvo la creación del estado-nación alrededor de la corona, las otras etapas históricas están en el currículum de refilón. La Ilustración, a la que nos opusimos feroz y patrióticamente, la superamos finalmente porque alguien debió de dar aprobado general, y nos convalidaron la Revolución Industrial por algún motivo que se desconoce. Pero ahora quemamos etapas como a ritmo de timelapse. De la sociedad líquida que a finales del pasado siglo Bauman definió como caracterizada por la movilidad, la incertidumbre y la relatividad de los valores, hemos pasado a la sociedad gaseosa.

Si repasamos todo lo que sucedió de un mes a esta parte, reconocerán que la política española tiene todas las características de una vaporización

Lo líquido es, como sabrán, el estado de la materia que se caracteriza porque sus moléculas tienen una relación más o menos abierta, como las parejas modernas de los 70, lo que les produce una gran adaptabilidad: aunque su volumen es constante ?mientras no se les moleste?, se adaptan perfectamente a la forma del recipiente que lo contiene. El gas juega en otra liga. Es también un fluido, pero sus moléculas, sin llegar a repelerse, ni se llevan y por ello tienden a ocupar todo el espacio que pueden y les dejan y es de complicado manejo. Pues si repasamos todo lo que sucedió de un mes a esta parte, reconocerán que esto ?la política española, por ejemplo? tiene todas las características de una vaporización.

Un presidente correoso y hábil, sobreviviente a todo tipo de escaramuzas, que sucumbe a una maniobra a la desesperada de un rival al que todos ?bueno, todos no, pero muchos sí, y bastantes en su propio partido? habían dado por amortizado, a la espera únicamente del siguiente batacazo para buscarle el relevo como fuese y donde fuese. Y nudos gordianos que parecían irresolubles se desatan con la facilidad de un cierre de velcro: la salida de los restos de Franco del Valle de los Caídos (y espero que la de sus herederos del Pazo de Meirás), la subida del salario mínimo a cotas presentables, o el intento de restablecer la cordura en las relaciones con el independentismo catalán. Todo eso en menos de un mes.

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Este fenómeno físico-político-mediático puede tener dos salidas: si las moléculas siguen a su aire y en continua expansión, nos instalaremos bien en un carrusel de novedades, cada una más abracadabrante que la anterior (Rufián en la Moncloa, Aznar intentando relanzar IU...), bien en plena distopía (Aznar consiguiendo su propósito). No obstante, lo más lógico es que se produzca una presurización, y el vapor vuelva a convertirse en líquido. A favor de esta última opción está el hecho de que es lo que está pasando en Galicia, que ya se sabe que es como un spoiler de la política hispana: lo que pasa aquí acaba pasando ahí. Si quieren saber lo que va a pasar, fíjense en lo que nos está pasando ya.

Feijóo se sabía el preferido para la sucesión, pero no por cuanto tiempo, algo decisivo en épocas tan volátiles

Alberto Núñez Feijóo pasó de ser el mirlo blanco de Santiago a invocar su compromiso con los gallegos hasta 2020. Semanas de dudas y suspense que se/nos podría haber ahorrado mirando la fecha del fin de la legislatura. En realidad, si apartó de sí el cáliz de la sucesión fue por varias otras razones. Una de ellas es que se sabía el preferido para la sucesión, pero no por cuanto tiempo, algo decisivo en épocas tan volátiles. Las dudas se multiplicaron cuando vio que en lugar de una avalancha de peticiones rogatorias a San Caetano (al edificio sede de la Xunta, no al santo) o a Monte Pío (la residencia oficial del presidente, no el Monte de Piedad), lo que se producía era una oleada de candidaturas. Pese a ese aire de arrojado emprendedor, Feijóo ha tenido siempre padrinos (padrino, en concreto) y presentarse a cuerpo en esa máquina de picar carne que es la política en Madrid, podría resultar como el desembarco que ordenó Churchill en Galípoli en 1915. Aquellas "fotografías del pasado" en compañías non sanctas podrían, por ejemplo, convertirse en "estos álbumes del presente" en malas manos.

Sin descartar del todo que Feijóo se haya quedado para amolar a la oposición, lo cierto es que, de todos los candidatos y candidatas a suceder a Rajoy, él era el único que necesitaba ganar sí o sí y también era el que más ?pero mucho más? arriesgaba. Así que mucho mejor seguir sumergido en Galicia en un auténtico líquido amniótico, con un partido a sus pies y en primer tiempo de saludo, con unos medios afectuosos como madres y unos opositores empeñados en buscar piedras para tropezar en ellas o arrojárselas entre sí. Claro que seis años en remojo esperando que funcione el principio de Arquímedes ("todo cuerpo sumergido en un líquido experimenta un empuje hacia arriba..."), hasta la próxima oportunidad de asaltar Génova y Moncloa son muchos. Su relato de gran gestor no aguantará demasiado con un gobierno central obediente a Europa, pero lleno de gestos al electorado, así que el dirigente conservador modelo, el preparao del PP, puede estar en un tris de pasar de príncipe a rana. De encabezar una campaña no digo yo que tan fuerte como "España róubanos", pero sí algo más que "Moncloa discríminanos". Porque cuando Alberto es bueno, tiene un pase, pero cuando es malo, es mucho mejor.


Sobre esta noticia

Autor:
Criticic (2156 noticias)
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ctxt.es
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