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La Obesidad en aumento en medio mundo, mientras el otro medio se muere de hambre

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21/05/2019 06:51 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En los países occidentales se está produciendo un aumento de la obesidad infantil y juvenil con prevalencias en torno al 4% o más. Este cambio se se debe a varios factores a hábitos nutricionales, al sedentarismo y la falta de ejercicio

La obesidad es el incremento del peso corporal asociado a un desequilibrio en las proporciones de los diferentes componentes del organismo. Aumenta sobre todo la grasa con una anormal distribución por el cuerpo y puede provocar o predisponer a padecer otras enfermedades o complejos.

En los países occidentales se está produciendo un aumento de la obesidad infantil y juvenil con prevalencias en torno al 4% o más. Este cambio se se debe a varios factores: 

Hábitos nutricionales: cada vez más los adolescentes dejan de comer una "dieta mediterránea" (rica en fruta, verdura e hidratos de carbono complejos) para llevar una comida basura, rica en grasas, azúcares, patatas fritas, salsas de absorción rápida; es decir, alimentos que tienen un alto contenido energético y poco volumen incluida bollería, pasteles o dulces, etc….Sedentarismo: la menor actividad física en los adolescentes debido a que sus actividades de ocio son muy pasivas: ver televisión, los centros comerciales, las consolas, los videojuegos…

 

La influencia de la moda: la publicidad por TV, bombardea a los jóvenes animándoles a consumir un gran abanico de bebidas y comida de alto valor energético y poco saludables (refrescos, comida rápida, snacks…)

 

Problemas emocionales: sobretodo de ansiedad en adolescentes con problemas familiares o en la escuela con bulyings inesperados. La única manera de calmar la ansiedad es comiendo (como una fuente de placer o recompensa). 

No hay que olvidar que los factores genéticos, hormonales o de salud pueden influir en padecer obesidad; aunque estas causas son las menos frecuentes, lo habitual es la adquisición de unos malos hábitos alimentarios. 

El tratamiento de la obesidad se basa en dos pilares muy importantes: la promoción de la actividad física (evitar el sedentarismo) y la adquisición de hábitos alimentarios saludables. 

 El adolescente debe ser informado de los problemas que puede causarle la obesidad y de cuáles son las medidas saludables para evitar ser obeso en la edad adulta. 

En el adolescente ya se puede introducir una dieta hipocalórica durante tiempo no demasiado prolongado. 

La actividad física debe recomendarse siempre. Se deben aconsejar los paseos diarios, subir escaleras, gimnasia, maratón, coss… El adolescente debe escoger un deporte que le guste y que le motive su práctica. Lo ideal es realizar una actividad física aeróbica regular (natación, maratón, ciclismo o alpinismo) con una periodicidad de tres días a la semana como mínimo.

 

En los adolescentes no se recomiendan los fármacos para reducir el apetito. La cirugía bariátrica (técnica del bypass gástrico) está totalmente contraindicada en la obesidad infantil, y únicamente lo consideran los médicos en algunos adolescentes con obesidad mórbida y graves problemas añadidos.

 

Las complicaciones de la obesidad son muchas, sobre todo porque un adolescente obeso será un adulto obeso. Ya no hay el peligro en ser “el gordito” de la clase, porque en la clase hay casi más gordos que flacos. El sobrepeso en el adolescente puede tener una repercusión psicosocial importante que lleva a la baja autoestima, el bajo rendimiento escolar y el aislamiento. La obesidad puede producir alteraciones hormonales, respiratorias (apneas durante el sueño), cardiovasculares (hipertensión arterial), escoliosis, alteraciones cutáneas o digestivas (esteatosis hepática) que disminuyen la calidad de vida del adolescente.

 

La prevención de la obesidad debería hacerse desde la primera infancia: promocionando la lactancia materna, retrasando la introducción de la alimentación complementaria hasta los seis meses y promoviendo campañas de educación sanitaria en la sociedad y en las escuelas que promocionen hábitos de alimentación y actividad física saludables. 

    Adelgazar no parece ayudar, sino todo lo contrario. ¿La paradoja? Obsesionarse con el peso aumenta las probabilidades de desarrollar obesidad. Todos hemos oído hablar de chicas con anorexia que se ven gordas aunque tengan un peso muy inferior al normal. Es un síntoma de esa patología, conocido como trastorno dismórfico corporal. Pero lo que le sucede a muchas jóvenes de 17 años para arriba, no es exactamente lo mismo. Aunque no padece ningún trastorno de conducta alimentaria y tiene un peso normal, “me veo muy gorda”. “Últimamente solo me compro ropa tipo saco, porque estoy gorda en comparación con mis amigas. De hecho, salgo poco y cuando lo hago, apenas hablo con chicos porque pienso que con mi cuerpo no puedo gustar a nadie”, confiesa una de ellas. Pero lo que no sospecha es que esa percepción errónea de su peso es su mayor enemigo.

 

Años más tarde: canones de belleza

 

“Hemos comprobado que adolescentes y jóvenes que se ven a sí mismos gruesos cuando en realidad no lo son tienen muchas más probabilidades de desarrollar obesidad”, explican los autores del estudio Young Hunt, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Noruega, que han decidido estudiar la obesidad desde un ángulo nuevo: la relación entre el peso percibido y el real, y el impacto de esa visión en el riesgo de exceso de peso. Estudios similares llevados a cabo en mujeres y hombres adultos ya habían dado resultados parecidos, pero el problema resulta ser más común en adolescentes y jóvenes, el grupo más preocupado por su imagen y por ajustarse a los cánones de belleza dominantes. 

“Los adolescentes que se ven gordos a pesar de tener objetivamente un peso normal acababan teniendo un IMC (Indice de Masa Corporal) mayor que los que no tenían esa percepción distorsionada de su peso”, explican los expertos noruegos. Realizado entre 2016 y 2018 –cuando los jóvenes tenían  entre 22 y 30 años de edad–, en las últimas se vio que el 59% de las chicas que se veían gordas sin serlo habían desarrollado ya obesidad según su IMC. Si lo que se observaba era la circunferencia de la cintura (indicador de obesidad abdominal) el porcentaje de obesas aumentaba al 78%. 

Como contraste, sólo menos de la tercera parte de las chicas que no se veían gruesas en la adolescencia fueron luego obesas de adultas. El porcentaje ascendía al 55% si se observaba la medida de la cintura. 

“Hay diversas y complejas razones que pueden explicar por qué una chica que se ve gorda, aunque no lo esté, tiene más probabilidades de acabar siéndolo –explica el Dr Javier Salvador, presidente de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN)–. Una explicación posible está en el estrés psicosocial asociado a la obsesión por llegar a tener un cuerpo ideal, un tipo de estrés crónico que aumenta los niveles de las hormonas que favorecen el exceso de peso y, en especial, la obesidad abdominal, considerada la más peligrosa”, reconoce.

 

 Las jóvenes que se ven gruesas introducen constantes cambios en sus hábitos de alimentación, saltándose comidas o desayuno o siguiendo dietas deficitarias.Y todo eso es un error. “Numerosas investigaciones han comprobado, por ejemplo, que las personas que no desayunan tienen mayor riesgo de obesidad”, aclara el experto. “A la vez, las dietas imposibles de mantener a la larga son contraproducentes, porque con esos regímenes drásticos y a corto plazo, el organismo se esfuerza por recuperar el peso anterior al inicio de la dieta”, añade. 

La investigación noruega también quiso comprobar el “peso” que tenía la actividad física en el riesgo de obesidad de los jóvenes objeto de estudio. Sorprendentemente, se comprobó que el ejercicio no compensaba del todo el efecto negativo que producía el hecho de verse gordo y el estrés asociado al mismo. Aún así, los expertos noruegos dicen que conviene reflexionar sobre el efecto de la vida sedentaria. Al contrario que en épocas anteriores, este colectivo pasa cada vez más tiempo sentados.

 

Medidas sencillas: la barriga del conductor

 

Las chicas tienen una tendencia mucho mayor que los chicos a verse gordas, un 22% frente a un 6%. “Una explicación de esa diferencia de género puede estar en la mayor presión que ejercen sobre ellas los medios de comunicación, en especial la TV, y la industria de la moda, la cosmética y los productos adelgazantes”, afirma el Dr. Salvador. 

En ellos la consecuencia del “exceso de silla” es la característica “barriga de conductor” (que los americanos llaman “commuter belly”), es real no imaginada. 

“Esa constante y creciente presión se traduce en un mayor estrés psicosocial por conseguir el cuerpo 10, absolutamente irreal, que muestra la televisión, las revistas y la publicidad. La sociedad necesita abandonar de una vez por todas el ideal de delgadez extrema y empezar a poner el acento en la salud como sinónimo de belleza, porque no hay belleza sin salud. En vez de hablar tanto del peso, hay que difundir hábitos de vida saludables, como desayunar bien, comer a horarios regulares, consumir alimentos frescos, moverse más y también evitar la falta de sueño, común en muchos jóvenes, que favorece claramente la obesidad”, concluye.

 

Espejos deformados

 

    Las personas que sufren un trastorno dismórfico corporal (TDC) o dismorfofobia viven obsesionadas con alguna parte o aspecto concreto de su físico, tanto sin tener ese defecto o deformación que ellos creen que tienen, como porque ven como una gran deformidad un pequeño detalle existente. La piel (73%), el cabello (56%) y el peso (55%) son las áreas de preocupación más citadas por las personas con trastorno dismórfico corporal, seguidas de la nariz (37%), dedos de los pies (36%), el vientre (22%), los senos (21%), y los muslos, ojos y dientes (20%).

 

    Una misma persona puede estar obsesionada por el aspecto de una o varias partes o aspectos de su imagen, y no entiende como los demás no ven ese “terrible fallo” que ella misma percibe tan claramente. La conciencia del defecto percibido es casi constante, y por este hecho evitan totalmente mirarse al espejo o por el contrario invierten horas en contemplarse de forma obsesiva, y no hay escaparate de una tienda por el que pasen en el que no encuentren más razones para reafirmar su opinión sobre su “defecto”.

    Un estudio reciente ha revelado que el 97% de las personas que padecen TDC a menudo evitan las actividades sociales normales. La obsesión por su imagen y el miedo al ridículo puede exacerbarse y agravarse con el paso del tiempo, generando una ansiedad extrema que impide a estos pacientes comportamientos tan comunes como mantener relaciones afectivas o sexuales, conservar su puesto de trabajo o presentarse a una oferta de empleo para la que se creen estar capacitadas.

    Ansiedad, depresión, ataques de pánico e ideas autodestructivas son frecuentes en estos casos extremos. Inseguridad, necesidad imperiosa de recibir la aprobación de los demás, excesiva autoconciencia, tendencia a la obsesión, déficit en habilidades sociales... son rasgos comunes en estas personas.

Las diferentes hormonas que fabrica el organismo –y que dirigen la actividad de muchos órganos– están en continua comunicación para mantener el equilibrio interno del cuerpo. Pero son sustancias "sensibles" que muchas veces se "descontrolan".

El comportamiento de una sustancia hormonal puede determinar el comportamiento de otras e, incluso, cómo funcionan determinadas funciones del organismo.

Mantener a raya el cortisol

El cortisol es una de las llamadas hormonas del estrés e interviene en los niveles de azúcar en sangre y en la metabolización de grasas, carbohidratos y proteínas.

La obesidad empieza con la lactancia materna.Y sigue con los alimentos de los años infantiles y con la educación escolar

El cortisol (hidrocortisona) es una hormona esteroidea o glucocorticoide producida por la glándula suprarrenal Se libera como respuesta al estrés y a un nivel bajo de glucocorticoides en la sangre. Sus funciones principales son incrementar el nivel de azúcar en la sangre (glucemia) a través de la gluconeogenesis, suprimir el sistema inmunologico y ayudar al metabolismo de las grasasproteinas y carbohidratos. Además, disminuye la formación ósea. Varias formas sintéticas de cortisol se usan para tratar una gran variedad de enfermedades.

 Cuando hay demasiado (suele ocurrir en las personas obesas) las defensas del organismo se tambalean, pero también se reduce la fabricación de estrógenos.

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Ocurre que el estrés te hincha la zona central del cuerpo se ensancha y la mejor manera de evitarlo

y reducir esa ansiedad por comer–  conviene consumir alimentos ricos en fenilalanina (como huevos, pescado, legumbres o cacahuetes) y en omega 3. Para intentar mantenerlo a raya es lo mejor. 

  • EE El que no se puedan controlar los ataques de hambre puede ser indicativo de que hay demasiado cortisol.

Como funcionan los estrógenos

La "fábrica" principal de estrógenos son los ovarios,  y las glándulas suprarrenales, situadas encima de los riñones.Se redistribuye la grasa en el cuerpo con la caida de estrógenos.

  • La mayor cantidad la tenemos en la pubertad y va descendiendo hasta llegar a la menopausia, cuando el ovario deja de fabricarlos. De ahí que a partir de entonces se produzca una redistribución de grasa en el cuerpo de muchas mujeres que pasan de tener una figura tipo "pera" a "manzana", pues se produce una mayor acumulación en torno a la cintura y el abdomen.
  • Las plantas que contienen fitoestrógenos pueden ayudar a regular los niveles de estrogenes: las semillas de lino y de sésamo; las legumbres; el tofu (y otros derivados de la soja); los frutos secos, el pan de centeno; la alfalfa; frutas como las naranjas y las fresas; y verduras como el apio, la col rizada y las zanahorias.

LA MELATONINA REGULA TU SUEÑO Y TU PESO

A corto plazo es posible que la falta de la molécula llamada melatonina no haga estragos en el peso, pero sí a la larga, porque se ralentiza el gasto metabólico.

 

Es la hormona que regula los ciclos circadianos (de sueño y vigilia), por eso puede sorprender que también la hayamos incluido aquí. La razón es que es otra de las sustancias que, si falta, puede hacerte engordar.

La Melatonina es una hormona producida por la glándula pineal. Nuestro cuerpo la produce durante la noche, alcanzando el máximo nivel a medida que avanza, cuando la oscuridad es mayor, y disminuye al llegar la mañana. ... Para tener un buen sueño, existen suplementos de melatonina que nos ayudarán a dormir mejorCuando nos falta melatoina, el cuerpo que calorías máss lentamente.

  • La fabrica nuestro cerebro (en concreto una glándula llamada pineal) y lo hace durante las horas de sueño. Parece ser que tiene un importante efecto termogénico, por eso cuando nos falta, la quema de calorías se hace de forma mucho más lenta.
  • Además de dormir de 7 a 8 horas a oscuras no deben faltar avena, arroz, nueces, tomates, plátanos y maíz dulce.

Los atracones de comida continuos suelen dar lugar a más tejido adiposo del necesario,  y eso hace que el cuerpo genere citoquinas proinflamatorias que pueden dar lugar, a su vez, a resistencia a la insulina.

  • El exceso de alcohol y de bebidas azucaradas artificialmente, así como consumir de forma habitual alimentos procesados (y sobre todo carbohidratos refinados), comida basura también puede hacer que se desarrolle resistencia a la insulina.

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Distinguir si se  sufres resistencia a la insulina o diabetes no resulta tan fáci para

Detectarla a tiempo porque pueden no presentarse síntomas hasta que los niveles de azúcar (glucosa) están muy elevados. Por otro lado, los síntomas pueden llegar a confundirse con los de otros padecimientos, lo que retrasa su diagnóstico, control y tratamiento. Esto también puede agravar la diabetes.

Los signos y síntomas incluyen:

  • Urgencia de orinar
  • Sed y/o hambre excesiva
  • Pérdida rápida de peso sin razón aparente
  • Cansancio extremo o irritabilidad

Además, se pueden presentar infecciones recurrentes (en la piel, las encías, o la vejiga), visión borrosa, heridas que tarden en sanar, o que se le entuman u hormigueen las manos o los pies.

Hay diversas pruebas para conocer si  usted tiene diabetes o prediabetes, que ocurre cuando se detecta un nivel alto de azúcar (glucosa) en sangre, pero no lo suficiente para clasificarse como diabetes. El diagnóstico de prediabetes implica que se está en un riesgo mayor de padecer diabetes.

Para el diagnóstico de diabetes normalmente se realiza la misma prueba dos veces para asegurar el diagnóstico. Las pruebas estándar incluyen:

  • Glucosa en ayunas – Se mide su nivel de azúcar en sangre en ayunas, por la mañana y después de no comer ni beber nada por mínimo 8 horas antes. Se diagnostica diabetes cuando el resultado es mayor de 126mg/dL, y prediabetes cuando está entre 100 y 125 mg/dL.
  • A1C (Hemoglobina glucosilada) – No se necesita estar en ayunas, pues mide su nivel de azúcar durante los últimos 2 o 3 meses. Se diagnostica diabetes cuando el resultado es mayor a 6.5%, y prediabetes cuando es mayor de 5.7% pero menor de 6.4%.
  • Prueba oral de tolerancia a la glucosa – Se mide su nivel de azúcar antes y después de tomar una bebida dulce (una cantidad específica). Se diagnostica diabetes cuando es mayor a 200mg/dL, y prediabetes cuando el resultado se encuentra entre 140mg/dL y 199mg/dL.

Para saber más sobre la diabetes tipo 2 y cómo prevenirla, puede ver el video de la Asociación Americana de Diabetes (en español), en la siguiente liga 

 

 

  • Para que no se convierta en algo crónico, hay que evitar las comidas copiosas y procurar que en la dieta predominen alimentos frescos de temporada e incluye suficiente omega 3 (tomar con frecuencia pescado azul pequeño…).

Los kilos de más están asociados a tener dos de las hormonas tiroideas aumentadas, en concreto, la TSH y la T3.La obesidad la produce la sobrealimentación, aunque todavía no se conoce bienpor qué ocurre.

Además, la alteración de las sustancias que fabrica la glándula tiroidea puede deberse también a una resistencia a la leptina. La genera el tejido adiposo, que actúa informando al hipotálamo (en el cerebro) del tamaño de los depósitos de grasa blanca, la más resistente.La señal es un per´metro abdominal aumetado.

Aunque en un principio la leptina ayuda a reducir el apetito, se ha comprobado que las personas que tienen demasiada grasa acumulada la producen en exceso. Y, ante eso, el organismo se rebela:

  • En lugar de rebajar su apetito, continúan comiendo lo mismo. Se genera así un círculo vicioso: se mantiene el apetito, se sigue comiendo demasiado y sigue aumentando la grasa corporal. Eso hace que se siga fabricando más leptina, pero esta no hace su función.
  • La solución pasa por reducir los depósitos grasos con una dieta hipocalórica y 150 minutos semanales de ejercicio.

 

Es cierto que una alimentación excesiva o muy rica en grasas puede "enloquecer" a tus hormonas; pero ya se sabe que ningún extremo es bueno, por eso la situación contraria tampoco es la idónea.Eliminar las grasas en absoluto tampoco es buena idea. De hecho,  las grasas saludables deben suponer el 30% del total de las calorías que se ingiere en un día.

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Analíticas: cómo bajar unos triglicéridos altos

 

  • Los nutrientes y la energía que recibimos de los alimentos –y en especial las grasas– son la materia prima que el organismo utiliza para fabricar hormonas (también para mantener las células sanas).Esta es una de las razones por las que las dietas muy bajas en grasas no sea buena idea.

No solo los hábitos alimentarios modifican nuestras hormonas; también las modificamos cuando nos movemos con ejercicio físico. La vida sedentaria no le sienta nada bien a las hormonas. La actividad física, por el contrario, es la que las regula.

El ejercicio es un potente estímulo para que la glándula hipófisis (en el cerebro) segregue más hormona del crecimiento (GH o somatropina). Y, como ocurre con otras muchas hormonas que influyen en la figura,  esta también se ve disminuida disminuida en personas con exceso de peso. Sorprendentemente, se regula cuando comienzan a perder kilos.

 

Los Países mediterráneos son los que tienen una mayor proporción de niños y niñas obesos en Europa, según un estudio que la Iniciativa Europea de Vigilancia de la Obesidad Infantil de la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha publicado esta semana. Italia, Chipre, España, Grecia, Malta y San Marino, se sitúan a la cabeza del continente, con un porcentaje de obesidad entre los niños de entre un 18% y un 21% y entre un 9% y un 19% en el caso de las niñas. En el otro extremo, los países con menos obesidad infantil son Francia, Noruega, Irlanda, Letonia y Dinamarca, donde la prevalencia no alcanza el 10%.

 

La obesidad durante la infancia se asocia con un aumento del riesgo de sufrir obesidad en la edad adulta, diabetes, enfermedades cardiovasculares y de las articulaciones, cáncer y problemas de salud mental, según explica por correo electrónico Joao Breda, director de la Oficina Europea de Prevención y Control de las Enfermedades No Transmisibles de la OMS en Moscú (Rusia).

El nuevo estudio de la OMS, el más extenso realizado en Europa hasta la fecha, ha medido la altura y el peso de 250.000 niños de entre seis y nueve años de 35 países durante una década. Además, para parte de los países ha analizado también datos sobre los hábitos de vida y de alimentación.

En España, un 19% de los niños y un 17% de las niñas tienen obesidad

En España, alrededor de un 40% de los pequeños tienen sobrepeso u obesidad, una cifra que solo supera Chipre. Entre ellos, un 19% de los niños –casi uno de cada cinco– y un 17% de las niñas sufren obesidad. “Son datos preocupantes”, valora Sílvia Fernández, investigadora del Institut de Salut Global de Barcelona (ISGlobal), que no ha participado en el estudio.

 

Detrás de las cifras tan elevadas en el sur de Europa podrían estar los hábitos de vida. En algunos países, el estudio de la OMS ha detectado bajos niveles de actividad física y de ingesta de fruta y verdura, así como un consumo elevado de dulces y bebidas azucaradas. Paradójicamente, los niños de los países mediterráneos “tienden a consumir poco los alimentos típicos de la dieta mediterránea”, señala Fernández en entrevista telefónica.

Paradójicamente, los niños de los países mediterráneos tienden a consumir poco los alimentos típicos de la dieta mediterránea

 

“Es difícil determinar cuáles son los factores determinantes con los datos que tenemos hasta ahora”, añade la investigadora, “pero la dieta juega un papel claro”. En España, solo un 30% de los niños comen fruta cada día, cuando la OMS recomienda ingerir un mínimo de 400 gramos de vegetales al día. En el caso de las verduras, la cifra es aún inferior: un 10%, el valor más bajo de toda Europa. Otros factores que pueden contribuir a la alta prevalencia de obesidad entre los niños españoles es que duermen menos horas y practican menos deporte que en otros países europeos.

Sin embargo, el estudio de la OMS también ha detectado que la situación está mejorando en algunos países mediterráneos, entre ellos España. El descenso de la prevalencia podría deberse a “la reducción del márketing de alimentos a los niños, programas para mejorar la actividad física, estrategias de reformulación para limitar el azúcar, impuestos a los alimentos poco saludables, mejores servicios por parte de los sistemas sanitarios e iniciativas para mejorar la educación en salud”, explica Joao Breda.

En los últimos años ha disminuido la prevalencia de obesidad infantil en algunos países mediterráneos, entre ellos España

“Si la tendencia en estos países continúa, se podría estimar que quizá en una década alcanzarán la media europea”, afirma Breda. “En cualquier caso, no obstante, alcanzarán el objetivo de la OMS en obesidad infantil para 2025”.

Para prevenir la obesidad infantil, Joao Breda señala que las estrategias más efectivas son mejorar la educación en salud, aplicar impuestos a los alimentos poco saludables y otorgar subvenciones para favorecer el consumo de frutas y verduras. “Además, es muy importante desarrollar directrices sobre nutrición y actividad física durante el embarazo, aumentar la lactancia materna hasta los seis meses, limitar el azúcar en los alimentos para bebés y mejorar el etiquetado nutricional”, remarca. Sílvia Fernández también destaca la salud de la madre durante el embarazo, especialmente su peso corporal, como un factor importante en la obesidad en niños. En la infancia, “lo mejor es hacer una prevención precoz, desde la lactancia materna y la introducción de alimentos en los primeros años”, añade.


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