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Maduro, el proceder de un presidente

09/03/2018 23:04 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El contenido de sus palabras es extremadamente partidario

Asidero

 

 

Nadie voto por Nicolás Maduro Moros, lo hicieron porque fue una recomendación del presidente Hugo Chávez Frías y, hoy representa a todos los venezolanos. Al organismo que no se oye es la Asamblea Nacional, desde hace un buen tiempo se encuentra en un silencio tétrico., lamentablemente, las narrativas nos dan otra realidad, el juego democrático nos descubre una diversidad de opiniones en el país y una sola voz, la del presidente de La República Bolivariana de Venezuela.

El presidente, ya no puede ser cauto y debe actuar sin precipitaciones hacia aquellos que abusan del Estado y alude su nombre en las colas, con extrema negatividad. Digo esto, porque ya no sé, si nos representa.

El conteNido de sus palabras es extremadamente partidario. Cuando deseamos que influya como un jefe de gobierno y, de una vez, diseñemos a la Nueva República. Es un buen atajo para entender el quehacer de la Asamblea Nacional Constituyente, que no deja escuchar su voz.

Es necesario hablar como republicano y dejarse de ambigüedades, lo urgente es diseñar las etapas de un nuevo gobierno y darle al pueblo sus responsabilidades.

El Jefe de Estado representa la unidad del país y le cabe un papel moderador o arbitral entre las distintas fuerzas y sectores.

El papel del presidente no es fácil pues debe alternar entre una posición de representación de todos y la de llevar adelante el proyecto político por el que fue votado. Pero cuando el presidente sólo actúa con el sombrero de jefe de Gobierno, el combate político es la única dimensión que maneja, su representación se angosta (aunque pueda tener mayoría electoral) y suele confundir a su electorado con el total de la población. Reduce así su perspectiva, su capacidad de negociación y de moderación.

Un presidente que tuviera en cuenta su función como jefe de Estado buscaría el consenso, el diálogo y los comunes denominadores con el fin de mejorar la “representación de todos”. La jefatura del Estado contiene funciones protocolares y simbólicas, pero también es un puesto de singular importancia.

Los empresarios, tienen mucho que ver con el problema de la inflación.

Calculan sus costos, no pelean y le incluyen al producto el alza salarial que les pide el sindicato. Ponen la ganancia que quieren y así fijan los precios. Trasladan todo el problema al consumidor.

Y de los planes para frenar los precios.

En esta etapa de la humanidad, en la que la tecnología de la comunicación ha permitido una vivencia de globalidad, algunos pretenden generar, desde perspectivas individualistas, una ciudadanía de consumo, sin pasado ni lugar de referencia. Desde dicho impulso se busca hacernos creer que nuestra patria es el mundo, en una realidad virtual en la que, por sobre valores fundamentales de humanidad, sólo en tiempo presente, sin pasado ni historia, se trata que mande una lógica comercial y financiera. 

Desde 2015, caminamos con una falsa ilusión, el fracaso de la ilusoria política de lluvia de dólares

Aún más, cuando se nos habla de lo multinacional no necesaria-mente refieren a unas sumatorias edificadoras de una hermandad entre naciones, sino que estamos ante nuevas organizaciones que se auto definen por sobre las naciones, pero no comprometida con ninguna en particular. Esto último, se puede ver cuando las empresas o bancos se presentan como multinacionales. Para muchas de dichas organizaciones vale la utilidad y ganancias que un determinado lugar les deja, de lo contrario se lo abandona sin ningún escrúpulo, porque las inversiones no se realizan, necesariamente, con anhelo de arraigo, en los asentamientos en los que operan. Manda la optimización de la ganancia, sin importar, por ejemplo, los costos sociales, ecológicos y tantos otros que pudiera significar el desarrollo de las actividades que llevan adelante o las que dejan de desarrollar y se van. 

En dicho contexto, es importante reflexionar sobre la nacionalidad argentina o sea sobre nuestra Patria, ese impulso común que nos une a un destino compartido, desde una historia, un lugar y un pueblo articulado con anhelos compartidos. 

Esa patria no permite que se pretenda concebir al pueblo como un simple mercado y los vínculos entre las personas como una mera relación de competencia. Los hombres y mujeres nos interrelacionamos con lazos afectivos, históricos y jurídicos que no pueden reducirse a una dinámica individualista en la que sobrevive solo el más fuerte. Para la Patria todos y cada uno somos valiosos y necesarios. Ese es el abrazo fraterno que hace sentirnos una nación con un destino común. Y en ella, el perfeccionamiento y la superación deben canalizarse con criterios de inclusión y no de marginación o exclusión. Ello nos obliga a pensar y trabajar un futuro digno y generoso para todos y entre todos.

La patria implica una sociedad que se asume con derechos y deberes. En ella un Estado nunca puede concebir a sus ciudadanos como si fueran sólo clientes, usuarios o consumidores. Esa concepción del pueblo es peligrosa, discriminatoria y antidemocrática, ya que el cliente, usuario o consumidor no tiene nada que ver con la toma de decisiones del negocio y siempre presupone capacidad adquisitiva; mientras que el Estado, no es un negocio, no todo lo que brinda debe pagarse por el que lo solicita y la participación ciudadana, la transparencia y la rendición de cuentas son esenciales en su dinámica. El Estado articulador de la comunidad, se debe optimizar, pero evitando reducirlo sólo a una concepción de gerentes (ceos) que analizan la problemática social como una simple operación de costos.

Por su parte, el sistema federal que adoptamos determina que se deben respetar distintos ámbitos de decisión autónoma -nacional, provincial y municipal-. Dichos ámbitos, con raíces y visión territorial, enriquecen la concepción de patria en la sumatoria de las vivencias y esfuerzos, desde diferentes lugares y niveles, lo que permite conformar el sentido de Nación integral e integrada. Rescatar el federalismo en su dinámica es esencial para respetar a las mujeres y hombres situados, con tiempo y espacio propios; no aislados ni ignorados. La patria grande se construye desde la unión igualitaria y equitativa de todos los que la componen. Ni feudalismos excluyentes que no se suman al destino común de la argentinidad, como tampoco centralismos que anulen las autonomías y su dinámica.

A su vez, la patria nos invita a integrarnos a un mundo globalizado, pero con identidad propia, bajo pena de diluirnos como pueblo. Tenemos que rescatar el orgullo nacional, sin soberbia.

También, la verdadera patria invita al encuentro en los afectos, anuda las generaciones, permite valorar las grandes y pequeñas cosas, da sentido a la vida y alivia las dificultades al poder compartirlas. 

La patria, además, necesita imperiosamente de patriotas que ayuden a superar la desesperanza, reconstituyan los lazos entre los dirigentes y el pueblo, se luche por una sociedad democrática, justa, igualitaria, solidaria y equitativa. No podemos permitirnos que la desazón nos paralice.


Sobre esta noticia

Autor:
Emiro Vera Suárez (477 noticias)
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