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Josep Fontana: la utilidad social de la Historia

05/09/2018 14:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Josep Fontana (1931-2018) pertenece a la generación de los maestros que renovaron la historiografía española sacándola del erial donde la había arrinconado la dictadura. Pertenece a la primera generación de universitarios que se rebeló contra las miserias del franquismo y lo hizo desde el compromiso profesional y el cívico: renovar la historiografía (o cualquier otro saber), regenerar la universidad y comprometerse con la sociedad, con el país, con Cataluña eran cara y cruz de la misma moneda.

Su padre era dueño de una librería de viejo del centro de Barcelona. Fontana vivió siempre rodeado de libros. En su familia eran de izquierdas y catalanistas. Pudo estudiar, como hicieron algunos hijos de menestrales en aquellos años, trabajando al mismo tiempo en el negocio familiar. Cuando entró en la universidad lo hizo paralelamente en los Estudis Universitaris Catalans asistiendo a las clases clandestinas de Ferran Soldevila, que le enseñó, siguiendo métodos de la Universitat Autònoma republicana, a leer documentos y ver detrás de ellos personas y relaciones sociales. Fontana se reivindica discípulo de tres maestros: Vicens Vives, Ferran Soldevila y Pierre Vilar. Su formación universitaria y su compromiso político se fundieron: militó en el PSUC entre 1957 y 1980 y luego ha seguido en la izquierda y el catalanismo. En fin, en una entrevista de 1998 reconoce influencias intelectuales de Hume, Diderot, Smith, Ricardo, Marx, Gramsci, E.P. Thompson y W. Benjamín.

Se licenció en Letras en 1956. El curso siguiente fue ayudante de Vicens en la cátedra de historia económica de la facultad de Económicas y assistant lecturer en Liverpool. En las facultades de Económicas, recién surgidas, se cocía la vida cívica y política de la universidad. La carrera académica de Fontana fue difícil: se murió su maestro Vicens y en 1966 lo expulsaron de la Universidad de Barcelona, junto a otros 67 profesores, en el contexto de las luchas antifranquistas. Trabajó luego en tareas editoriales y en 1968 entró en la recién creada Universidad Autónoma de Barcelona hasta que ganó cátedra en la Universidad de Valencia (1974-76), para volver a la Autónoma (1976-91) y a la Pompeu Fabra desde 1991, donde ha sido catedrático y emérito y donde creó el Institut Jaume Vicens Vives al que donó 40.000 libros.

La "hoja de servicios" no agota su aportación intelectual. Bastará evocar más de una treintena de libros monográficos, una prodigiosa obra dispersa en artículos, prólogos, entrevistas, conferencias; las revistas de historia que ha fomentado como Recerques, los discípulos que ha dejado en las universidades por donde ha pasado, las tesis que ha dirigido, los tribunales a los que ha asistido o, en fin, su actividad en editoriales como Ariel o Crítica, dirigiendo y promoviendo colecciones de historia, abriendo las ventanas a la nueva historia y renovando el panorama de lecturas y conocimientos de los jóvenes historiadores desde los setenta con lecturas como Marc Bloch, Lucien febvre, Pierre Vilar, Albert Soboul, Eric Hobsbawm, E. P. Thompson, George Rudé, Michel Vovelle, Raphael Samuel, Adam Schaff, Ronald Fraser, Ciro Cardoso, M. I. Finley, Gerda Lerner, Alexander Gerschenkron... o el indispensable para este país Manuel Azaña.

Su aportación historiográfica (dejando de lado su investigación sobre la hacienda española) podemos agruparla en cuatro núcleos. La crisis del Antiguo Régimen y el siglo XIX, la teoría de la historia y la historiografía, la historia del siglo XX y el tiempo reciente, y la historia de Cataluña.

Fontana se inició como historiador investigando la crisis del Antiguo Régimen y la transición al capitalismo, tema que nunca abandonó. Libros como La quiebra de la monarquía absoluta 1814-1820, (1971), Hacienda y Estado en la crisis final del Antiguo Régimen español, 1823-1833 (1973), Cambio económico y actitudes políticas en la España del siglo XIX (1973), La revolución liberal: política y hacienda en 1833-1845 (1977) o La crisis del Antiguo Régimen, 1808-1833 (1979), enseñaron a una generación de historiadores a mirar el siglo XIX de otro modo: como una experiencia en la que los conflictos surgían desde fuerzas reformistas y transformadoras que chocaban con otras reaccionarias. Las relaciones sociales y la economía junto con la política entraban en la historia. Un hervidero de hipótesis, problemas, investigación de nuevos materiales, lecturas exhaustivas... contribuyeron a renovar la historiografía contemporaneísta. Con posterioridad ha añadido otros trabajos como La época del liberalismo, vol. 6 de la Historia de España (2000) o De en medio del tiempo: la segunda restauración española, 1823-1834(2000), que sitúan el conflictivo siglo XIX español en el entorno europeo, derribando el mito de la singularidad española... Fontana fue, pues, uno de los grandes maestros que cambió la manera de mirar el siglo XIX e investigar y hacerse preguntas.

En Fontana la investigación y la teoría social se funden. Leerlo es, inevitablemente, reflexionar sobre el oficio de historiador y su función social. Pero, además, su concepción de la historia la ha desarrollado en importantes libros que constituyen el segundo núcleo de su aportación. Empezó con un libro, polémico como otros suyos, que publicó en 1982: Historia. Análisis del pasado y proyecto social, del que se dijo que era un viaje por la historia de la historiografía en el Orient Express. Donde muestra las diferentes maneras de explicar la historia desde antes de Herodoto a la compleja historiografía del siglo XX y lo contextualiza en cada momento. Aquí se puede advertir con nitidez su inmensa capacidad de leer y asimilar, la claridad y perspicacia de comunicar temas teóricos e historiográficos complejos. Aunque se discrepase de algunas de sus interpretaciones, se desprendía de la lectura del libro una ingente cantidad de reflexiones sobre el trabajo del historiador que busca herramientas para el análisis social. Esa obra, que Fontana ha ido ampliando, cambiando, reformulando y revisando (como en otros temas) la continua en libros como La historia després de la fi de la historia: reflexions i elements per a una guia dels corrents actuals (1992), La historia dels homes (2000), L'ofici d'historiador (2010). Si tuviese que recomendar aquí uno elegiría el último. Pero el primero a muchos de nosotros, con veinte y tantos años entonces, nos enseñó a "pensar históricamente" como decía su maestro Vilar.

El tercer núcleo de la obra de Fontana es el mundo actual: el siglo XX y la crisis de principios del XXI. Su interés por la historia, nuevamente, va más allá del espacio reducido del especialista. Su perspectiva es humanista. Tres de sus últimas obras constituyen una reflexión global extensa (y escasa en la historiografía española) sobre la historia mundial del tiempo reciente: Por el bien del imperio: una historia del mundo desde 1945 (2011), El futuro es un país extraño: una reflexión sobre la crisis social de comienzos del siglo XXI (2013) y El siglo de la revolución: una historia del mundo desde 1914 (2017). El primero de los libros es una obra enciclopédica donde, a la manera de Tony Judt, da cuenta del mundo reciente con un leitmotiv central: por un lado se explica la gestación y desarrollo del Estado del bienestar en los países desarrollados y sus avances sociales y cómo se construye una política alternativa a la brutalidad y deshumanización que comportó el fascismo y la Segunda Guerra Mundial. Por otro, rastrea la involución social que se inició y finalmente se impuso a partir de los años setenta y ochenta con el neoliberalismo, lo que minó aquel proyecto. El libro publicado en 2013, el segundo de la trilogía, es, precisamente, la continuación y consecuencia de los planteamientos del anterior y se analiza en particular la crisis de 2008 y las consecuencias sociales: la subordinación del poder político a los intereses de las multinacionales, el incremento de la desigualdad y la protesta social, así como el incremento de la represión.

En el último libro, El siglo de la revolución, redondea el arco histórico. Revisa la historia de los últimos cien años y se propone hacernos comprensible el mundo que vivimos. Muestra cómo el miedo a la revolución ha condicionado el siglo XX y lo que va de XXI: la vergonzante pusilanimidad de las democracias que abandonaron a la República española, o la misma génesis y desarrollo del Estado del bienestar que atenuaba la desigualdad, debieron mucho a este pavor. Pero el hundimiento de la Unión Soviética y el hundimiento del comunismo acabaron con el miedo a la revolución social y generaron una política de desigualdad que crece exponencialmente. Esta situación social es fruto de unas decisiones políticas interesadas e impuestas, frente a otras opciones que se generan sin triunfar. Fontana nos muestra que la generación del empobrecimiento creciente y la ruina del planeta no son inevitables, sino fruto de unas decisiones que se imponen y que desde la política y el compromiso se podrán rectificar no sin esfuerzo y lucha popular. A Fontana, en estos tres libros, le interesa explicar e interpretar cómo ha sido todo eso posible, qué factores sociales explican la encrucijada histórica donde nos encontramos. Esa es para él una de las grandes funciones sociales de estudiar, investigar y enseñar historia: "ver por qué fue posible", que es la manera como la historia contribuye a mirar con ojos críticos el presente. Y ese es su principal valor.

El cuarto núcleo de la aportación historiográfica de Fontana, la historia de Cataluña, se remonta a sus primeros años de investigador y enlaza y continúa la obra de Vicens Vives con planteamientos metodológicos renovados. Sin embargo esta cuestión se ha convertido en polémica recientemente. En 2014 se celebra el simposio (de incorrecto nombre) "Espanya contra Catalunya" y Fontana da la lección inaugural: "Espanya i Catalunya tres-cents anys de conflicte polític". Ese mismo año publica un libro en el que expone sus ideas sobre España y Cataluña, La formació d'una identitat. Una historia de Catalunya, que recibe críticas de diversos historiadores. Sin embargo, a mi modo de ver, las tesis que mantiene en la ponencia del simposio y en el libro continúan lo que venía diciendo desde mucho antes sobre el tema, aunque esta vez pone el énfasis más que en "els lligams" (que no se omiten) en las dificultades "d'encaix", debidas a una sociedad más dinámica en Cataluña que en el resto de España, al tener un modelo de desarrollo más adelantado y moderno. También subraya el proceso de construcción de la identidad catalana, resultado histórico de las relaciones sociales y económicas entre las gentes, el país, los medios de producción, las formas de poder y las formas de vida y la cultura. Quien conciba España como "las Españas" que decía Ernest Lluch y además entienda que tener una opinión distinta fundamentada es valioso, no puede sino agradecer lo que sinceramente creo que es una aportación abierta a una "nueva" convivencia. O no tan nueva: ya la reclamaba Bosch Gimpera en su discurso España en 1937.

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Marc Baldó Lacomba es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Valencia.


Sobre esta noticia

Autor:
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Fuente:
ctxt.es
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Tipo:
Reportaje
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