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La Habana: intrincada telaraña de sensaciones

24/02/2010 10:59 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Una visión sobre la Habana a través de un breve recorrido en febrero 2010

Desde hoy temprano que pienso un término que pudiera resumir lo que siento. Me viene a la mente "Intrincada telaraña de sensaciones" pero creo que me quedo corto.

Definir la Habana es casi imposible. No quiero ser injusto en mis definiciones ni atrevido en ellas, porque sin ningún tipo de dudas prácticamente no tengo ningún tipo de conocimiento previo que me permita hablar con un atisbo de certeza histórica.

Constato lo que a priori pensaba antes de llegar a este país: si habrán estado mal los cubanos bajo el régimen de Batista que prefieren esto a aquello otro. En realidad con lo poco que he leído de la historia cubana previo a nuestro viaje, me permito decir que en general a lo largo de su historia los cubanos han estado bajo la pata de alguien, comenzando por los españoles allá por el 1500. Muy a finales del 1800 y comienzos del 1900, se votaron unas leyes a favor de los norteamericanos que eran una vergüenza, entre ellas las que se les daba el territorio de Guantánamo a perpetuidad, bajo amenaza por parte de los norteamericanos de no reconocer la independencia de Cuba. Más tarde, la mafia norteamericana y todos sus alcahuetes cubanos fue la gota que desbordó el vaso.

En el relato cronológico de nuestro viaje, llegamos a la Habana procedentes de Panamá donde estuvimos en tránsito, esperando el vuelo que nos trajera a estas tierras. El vuelo fue sin contratiempos, salvo que salimos con una hora de atraso.

Al llegar al aeropuerto de la Habana tanto mi señora como yo tuvimos una sensación similar sin haber cruzado una palabra. La misma era que nos estábamos metiendo en un país socialista, donde todavía se podía ver la influencia rusa: aeropuerto de exterior gris, casi carente de decoración, más bien del tipo de esas moles macizas de concreto gris, omnipresente. Si bien son cosas diferentes, me produjo entrar en suelo cubano la misma sensación de “tené mucho cuidado” que cuando visitamos Túnez, o entramos en algún templo en Malaysia o cuando yo me metí en algún tempo en la India o cuando fuimos en el ’94 a Rusia.

El control migratorio es algo que me preguntaba cómo sería, si sería al igual que en el aeropuerto de Moscú donde de repente te tenían cinco minutos o más sin dirigirte la palabra, mientras el tipo que hacía el control de pasaportes miraba una pantalla esperando no sé qué dato. Aquí la cosa es diferente, te hacen pasar de a uno, te sacan una foto donde se tienen que ver las raíces de tu pelo (fue así que mi señora se tuvo que tirar para atrás el pelo) y luego, si está todo ok te tocan el timbre de un portero eléctrico que permite abrir la puerta del cubículo donde estás, habilitando que sigas hacia el lugar donde están las cintas con las valijas de los vuelos. Les cuento que esa puerta que te abren no tiene picaporte y no hacen pasar al siguiente pasajero al cubículo hasta que el anterior pasajero ha desaparecido y la puerta se cerró detrás de él.

Cuando me tocó el turno, después de mi señora, me apersoné y fue todo sin contratiempos. Eso sí, al cruzar la misteriosa puerta con portero eléctrico, otra vez había que pasar por detector de metales, el cual lo tienen tan sensible que suena por cualquier cosa. En mi caso no fue la excepción, a pesar de haberme sacado todo lo metálico, incluyendo el cinturón.

En la “danza de las valijas” tuvimos un elemento nuevo. El mismo fue que de pronto aparecieron dos perros, uno de raza cocker y el otro creo que de raza “guau”. Lo primero que pensé fue “qué despelote que es esto” hasta darme cuenta que eran dos perros entrenados para buscar drogas en las valijas. Mientras nosotros estuvimos esperando por nuestra valija no pasó nada, más allá de los perros revoloteando por las valijas que se iban retirando de la cinta.

Si bien teníamos la conciencia muy tranquila con respecto al contenido de nuestra valija, igualmente uno se pregunta “¿y si me plantaron droga en la valija?” sintiendo un escalofrío que te recorre el cuerpo. Estarán pensando “qué exagerado” pero por un momento me voy al final del viaje. Cuando llegamos a casa y voy a abrir la valija, encuentro que el candado estaba puesto exactamente en el lugar opuesto de la valija adonde suelo ponerlo, un par de zapatillas estaban puestas dentro de la tapa de la valija, en esa especie de sobre con redecilla que tienen las tapas, zapatillas que yo había puesto encima de la ropa en una bolsa pero no en la tapa y por último, una mamadera de bebé contra un rincón de la valija y eso estoy absolutamente seguro que ni mi señora ni yo lo pusimos. Revisión mediante, comprobamos que no faltaba nada. Ergo, alguien nos abrió la valija luego de despacharla en el counter de la compañía aérea y antes de volver a tenerla en nuestras manos. ¿Quién?, nunca sabremos.

Volvamos al relato de nuestra estadía. Antes de salir del sector equipajes otro control más. Había pasajeros que les estaban controlando en forma minuciosa las valijas, más allá de ser turistas y no ser cubanos, mientras que a otros les estaban verificando nuevamente los datos del pasaporte con los papeles que se habían tenido que llenar como en cualquier parte del mundo (control que si recuerdan, ya se había hecho antes de cruzar las misteriosas puertas con portero eléctrico). Cuando nos tocó el turno de pasar por una mujer que estaba pidiendo los pasaportes y la visa de turista, desde afuera del recinto entra un cubano a los gritos, realmente furioso, seguido por varios tipos que le decían que por esa puerta (era la puerta de salida de la aduana) no podía pasar y que se calmara, cosa que no producía ningún efecto en el cubano, que a los gritos decía: “ a ver, revisa, ¿me van a cobrar mil setecientos pesos por esto?, revisa!” y mientras tanto el contenido de uno de los bolsos lo iba tirando por los aires y por el piso. No sabemos qué habrá pasado con el tipo pero “milagrosamente” todo se agilizó, no nos revisaron el equipaje, los pasaportes los miraron de reojo y de apuro nos dijeron “siga, siga”, saltando a la vista que no querían testigos de ese incidente.

A la salida de la aduana nos estaba esperando el transfer, así que cuando lo vimos respiramos tranquilos. Nos indicó dónde estaba el ómnibus que teníamos que tomar y hacia allí dirigimos nuestros pasos conjuntamente con otros turistas que iban para diferentes hoteles. Quebremos una lanza por Cuba y los avances que se han hecho en materia de turismo. Dado los cuentos que nos habían hecho en su momento un par de hermanos nuestros, sobre los percances que tuvieron en materia de traslados, reserva en los hoteles, etc. en sus respectivos viajes a Cuba hace ya algunos años, íbamos con bastante aprensión por los posibles resultados. Debo reconocer que todo salió muy bien, la gente que hacía el transfer estaba muy bien organizada y el ómnibus en el cual se realizó el transfer era muy moderno (ómnibus chino).

El aeropuerto queda a unos veinte kilómetros de la Habana vieja, lugar donde estamos alojados. A lo largo del camino pudimos ver una serie de edificaciones que ¡Dios mío! Algunos edificios bajos me hicieron acordar a los edificios más viejos y feos que están cerca del viejo tanque de la compañía del gas en Montevideo, en el barrio Sur. Viendo otros era como si estuviéramos en Río de Janeiro en la autopista que va del aeropuerto a Barra de Tijuca, donde en muchos sectores la autopista está rodeada por casas hechas paté, sin ninguna clase de mantenimiento.

También a lo largo del camino pudimos ver carteles o muros pintados arengando por la Revolución (así, con mayúsculas, como lo escriben aquí por todos lados), diciendo que no le tienen miedo a USA, todo por la Revolución, etc., etc. Me hizo acordar a los corredores de Montevideo Refrescos (Coca-Cola), que también estaban llenos de carteles con frases para motivar a sus empleados. La ironía en esto es que buscan un objetivo similar en dos regímenes diametralmente opuestos.

Si la zona por la carretera y los barrios perimetrales dejaba que desear, cuando pasamos por la Habana centro era sencillamente de terror. Todo hecho pomada, destruido por el paso del tiempo.

Finalmente el ómnibus se fue adentrando en la Habana vieja hasta llegar a la esquina del hotel Sevilla, hotel donde nos estamos alojando. Conjuntamente con nosotros se bajó un matrimonio argentino. Al llegar a la recepción y querer ellos hacer el check-in, se les informó que los habían trasladado a otro hotel porque según le informaron, el hotel tuvo problemas y hubo que cerrar un piso entero del hotel. La molestia del tipo no se hizo esperar. En mis adentros pensaba: “zás, ahora también la quedamos nosotros”. Por suerte en nuestro caso no habíamos sido trasladados, quizás porque en la reserva constaba que somos “agentes de viajes” o simplemente porque tuvimos suerte y nada más. Lo cierto es que dejamos a la pareja de argentinos en la recepción quejándose en vano que hacía un mes y medio que habían hecho la reserva y que venían cuatro noches (dato no menor como luego verán) de las cuales dos tenían que irse a otro hotel. Montamos en los ascensores, que son súper nuevos y nos fuimos expreso a dejar las cosas en la habitación para salir cuanto antes a recorrer la Habana.

Previo al relato del recorrido, creo que amerita unas líneas para contar sobre el hotel Sevilla. Si en Viena estuvimos en el Bristol donde se han alojado innumerables figuras de la lírica mundial y otros personajes del mundo del espectáculo y la literatura, aquí el Sevilla no le ha ido en zaga. El “único” detalle” es que es un hotel cuyo último dueño antes de la Revolución era un uruguayo con conexiones con la mafia norteamericana, teniendo como excelsos huéspedes a Al Capone entre otros, personaje que alquiló todo el sexto piso. Por las dudas, nosotros estamos en el tercero y estamos alquilando una sola habitación. Pasando a personajes más “normales” estuvo Libertad Lamarque, Hugo del Carril, Imperio Argentina, Gloria Swanson, Enrique Caruso, George Simenon. Hay una historia peculiar con Josephine Baker y este hotel. Como era negra fue rechazada en el hotel Nacional. Ni corto ni perezoso el dueño del hotel Sevilla la invitó a alojarse en el Sevilla, declarándola huésped ilustre del hotel y le organizó una conferencia de prensa, todo como golpe publicitario.

El hotel fue inaugurado en 1908 y en 1959 cuando entra Fidel y los revolucionarios a la Habana, los empleados se habían quedado administrando el hotel mientras que el dueño había rajado a la miércoles, refugiándose en la embajada uruguaya. El hotel tenía un casino, el cual fue destrozado por la gente, en el momento de la Revolución. Por suerte, creo que no destrozaron más nada dentro del edificio.

El hotel cuenta con nueve pisos, habiendo un restaurant en el noveno con una vista estupenda de la Habana. En el primer piso está la piscina y en la planta baja se encuentra un gran comedor donde se toma el desayuno.

Ahora el Sevilla Biltmore (como se llamaba originalmente), pertenece a la cadena Accor y se llama Mercure Sevilla.

Iniciando el recorrido de la ciudad nos fuimos hacia el Malecón al cual no pudimos llegar porque estaba ventoso y eso hacía que las olas golpearan contra el murallón y mojaran la vereda y a los transeúntes. Agregado a eso, estaba completamente nublado y frío, con una temperatura que rondaba los 18 grados, pero que la sensación térmica era menor, por causa del viento. No nos trajimos mucha ropa de abrigo, pero como en Uruguay habíamos chequeado por Internet cuál iba a ser el estado del tiempo aquí en Cuba, mucho no nos tomó de sorpresa. Eso sí, no pensamos que estuviera tan frío.

Paseo por el Malecón anulado dirigimos nuestros pasos hacia la plaza donde está la Catedral. Recorrimos varias calles para llegar allí, observando minuciosamente cada detalle, tratando de no reflejar en el rostro lo que nuestra mente pensaba a medida que íbamos caminando. Para resumir un poco, la Habana vieja y la Habana centro están a la miseria.

Hay algunas partes de la Habana vieja que las han restaurado o están en proceso de, pero es una ínfima parte de estos dos sectores de la ciudad.

Es difícil explicar con palabras lo que uno ve con sus ojos. Es una mezcla explosiva de sentimientos, olores, sonidos que se conjugan a velocidad vertiginosa con un montón de datos de otros lados que uno tiene almacenado en el cerebro. Es así que por momentos las calles de la Habana me hacen acordar en algo a la Barceloneta en Barcelona, insólitamente en algo de San Telmo en Buenos Aires (pero no me refiero a la plaza que allí se encuentra, sino a alguna de sus calles). También veo reflejadas en ellas al viejo San Juan en San Juan de Puerto Rico y al viejo barrio Sur de Montevideo, aquel de la negra Analia, frente a la compañía Bao, a aquellos conventillos de viviendas humildes, donde supe ir, calculo que con cuatro o cinco años de edad, no mucho más, a elegir una caña de pescar obsequiada por el marido (calculo que lo era) de Analia.

En algunas de las casas de la Habana vieja se oye el tam-tam de los tambores africanos, similares en sus sonidos a los nuestros. Son academias donde a chicos se les enseña esos ritmos, que no llegan en calidad (para mi oído) al ritmo que se logra en nuestro candombe.

Muchas de las casas tienen sus puertas abiertas, permitiendo ver su interior. Por no hacer que se sientan molestos los que allí viven, no hemos querido sacar fotos de dichos interiores. Es una constante que todas están pobremente amobladas, con muebles del año del ñaupa, ausencia de alfombras y escasa iluminación. Es un constante también que muchas de ellas están hechas pelota, con paredes y puertas que hace décadas que no ven una gota de pintura y varias de ellas se están viniendo literalmente abajo, quedando solamente las fachadas, algunas sostenidas con andamios, otras libradas a la gracia de Dios (o la Revolución, según desde el lado que se quiera mirar). Desde un lugar que por momentos impacta es subir al noveno piso del hotel y sacar desde allí las fotos de la ciudad. Por momentos, viendo a través del visor de la cámara me parecía estar viendo las imágenes que uno ha visto sobre Beirut con sus edificios bombardeados. La diferencia aquí es que no hay esas inmensas manchas negras producidas por las explosiones. A priori, releyendo esto mientras lo escribo, puedo pensar que tengo una tendencia a la exageración, pero luego al rever las fotos, confirma lo que en su momento pensé (lamentablemente).

En estos dos días hemos tratado de recorrer la Habana, tratando de hacerlo despojados de todo sentimiento político para no vernos influidos por el mismo y tratando de verla con la mayor apertura de pensamiento posible en todos los terrenos, teniendo presente por todo lo que ha pasado el pueblo cubano a lo largo de su historia.

Ciertos sectores de la Habana vieja son el “show room” como los he titulado, porque es lo que se muestra. Es así que se puede recorrer la calle Obispo, muy pintoresca, o alguna de sus plazas donde se están reconstruyendo los viejos edificios.

El problema es que es tan grande el desastre y el abandono que es imposible ocultarlo.

Vuelvo por un momento a la pareja de argentinos en el hotel, ¿cuatro noches de estadía en la Habana?, ummm, yo ni loco. Aunque luego de escribir esto acepto que quien se interese por los museos de la Revolución, etc., puede quedarse más días, en mi caso no gracias.

Como las ciudades se conocen caminando, es que nos fuimos a pie hasta la zona de El Vedado, donde está el hotel Nacional y el Habana Libre.

Allí la zona es mejor, mucho más nueva, pero donde también ves el paso del tiempo, no al extremo de la Habana vieja/centro pero que si esto sigue así, seguirá inexorablemente el mismo camino.

Si se me preguntara qué siento ante la Habana, creo que diría exactamente lo que escribí al principio: una “intrincada telaraña de sensaciones”. Tristeza por los cubanos, porque después de 51 años de Revolución han conseguido esto, porque cómo sería la cosa antes para preferir esto a lo otro; asombro ante la estupidez de los norteamericanos que con su irracional bloqueo lo único que hacen es darle al régimen castrista la excusa perfecta para justificar todo; alivio de vivir en un país con un régimen distinto.

Mañana partimos de esta ciudad rumbo a Varadero. Creo que nunca me sucedió en un viaje lo que me pasa en éste, que es desearle al pueblo cubano que encuentre su camino para ser realmente felices. Quizás que es petulante de mi parte, pero no creo que hoy en estas condiciones lo sean.

La Habana, 14 de febrero de 2010


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Soul Listener (7 noticias)
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