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El Generalísimo es un hombre de izquierda, alardeado por Zapatero e Iglesias

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09/11/2018 22:23 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Lo extenso de la cita del texto escrito por el comandante, se justifica en tanto que consideramos que allí está la clave para el desarrollo democrático

Aventis

 

“El socialismo libera; el socialismo es democracia y la democracia es socialismo en lo político, en lo social y en lo económico”. Con este pensamiento, el comandante Hugo Chávez Frías, nos dio un perfil de lo que es el Socialismo del Siglo XXI y, dio una orientación exacta de la construcción de un gran movimiento que, reafirmaba el carácter esencialmente democrático del pueblo y nos diferenció, claramente de la experiencia socialista de la Unión Soviética y de Cuba.

Más adelante, en ese discurso, el comandante insiste en que nuestro modelo socialista no puede ser producto de una imposición, sino el resultado de un gran esfuerzo por convencer con la predica y la práctica a la sociedad:

“Una de las cosas esencialmente nuevas en nuestro modelo es su carácter democrático, una nueva hegemonía democrática, y eso nos obliga a nosotros no a imponer, sino a convencer”.

 No hay lugar a dudas que Hugo Chávez quiso dejar sentada la necesidad de la consolidación de una cultura democrática que exprese el esfuerzo realizado por la sociedad venezolana, tras su investidura como presidente de la República, el 2 de febrero de 1999. 

Esfuerzo éste caracterizado por; un proceso constituyente originario que culminó con la aprobación popular, por primera vez de un texto constitucional, nuestra Constitución Bolivariana de 1999; procesos de consulta permanente a la soberanía popular por la vía electoral, con altísimos porcentajes de participación, y por mecanismos de democracia directa y protagónica; una concepción democrática del orden interno contraria a las políticas sistemáticas de tortura, desaparición forzada y ejecuciones policiales del Punto Fijismo; un funcionamiento armónico de los Poderes del Estado, en función de los intereses nacionales y de las mayorías históricamente excluidas; la disminución sustantiva de la grosera desigualdad social que, causa estructural de la pobreza en Venezuela; la democratización de los factores y medios de producción, y el acceso a financiamiento para las grandes mayorías; el reconocimiento y visibilización de la diversidad étnico cultural de nuestra sociedad; el desarrollo de las más amplias libertades políticas y la democratización de la propiedad sobre los medios de comunicación social y del acceso a las nuevas tecnologías de información y comunicación; la promoción y apoyo de instancia colectivas de gobierno directo a través de los Consejos Comunales, las Comunas y las más diversas formas de organización del Poder Popular; entre muchos otros procesos democratizadores. 

En fin, en apenas una década, se logró construir un modelo político, económico, social y cultural garantista de los derechos humanos integrales que permitió avanzar en la superación de la histórica y sistemática violación de los mismos.

 Cómo consolidamos y expandimos estos avances hacia el porvenir, cómo recuperamos lo que nos han quitado o hemos perdido en materia de mecanismos de profundización de la democracia participativa y protagónica aprobada por nosotros en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999. Volvamos a la lectura del pensamiento de Hugo Chávez al respecto, esta vez en sus anotaciones de las reflexiones en el seno del Movimiento Bolivariano 200 (MBR 200) a principios de la década de los 90 del siglo XX, el Libro Azul: 

“El pueblo como depositario concreto de la soberanía debe mantener su fuerza potencial lista para ser empleada en cualquier momento y en cualquier segmento del tejido político, para reparar daños a tiempo, para reforzar algún desajuste o para producir transformaciones que permitan el avance del cuerpo social en la dirección estratégica autoimpuesta. Para ello, el sistema político debe instrumentar los canales necesarios, tanto a nivel local como regional y nacional. Canales por los cuales corra el poder popular protagónico”. 

Lo extenso de la cita del texto escrito por el comandante, se justifica en tanto que consideramos que allí está la clave para el desarrollo democrático de nuestra sociedad: más poder de decisión y acción para el pueblo, menos poder para las élites, cualesquiera que están sean. En tal sentido, se impone un gran esfuerzo nacional de cara a la década por venir, rumbo al 2030.

Ahora, el presidente Nicolás Maduro Moros, busco asesores en España y, regresamos al pasado y en ese país, no es que el pasado no este muerto, como sentenció Faulkner, sino que ni siquiera es el pasado Cuando alguien remueve las vísceras del pasado y destapa la Caja de Pandora al cabo de lustros de democracia, prueba que no tiene repajolera idea de qué hacer para sacar al país adelante. En ese brete, opta por refugiase en un ayer imaginario por el que deambular sonámbulamente, pero que se sabe a qué dantesco infierno.

 

Una gran diferencia con Felipe González para el que, "si alguno hubiera creído que era un mérito tirar a Franco del caballo, tenía que haberlo hecho cuando estaba vivo". Comprendía que aquel PSOE para después de una guerra era, como España en su conjunto, una mezcolanza de vástagos de represaliados republicanos, de víctimas también de la izquierda anticlerical o de franquistas de uniforme u oficio. Con Zapatero, aquel presidente de un solo abuelo, el controvertido capitán Lozano, la cosa cambió buscando su entronque con la II República.

 

En España, por contra, hay quienes se empeñan en encerrarla en un pasado impredecible, como bromeaba Churchill sobre la extinta URSS y su gusto por los borrados de la iconografía revolucionaria o los rectificados de la Enciclopedia Soviética de una edición a otra designando héroes o villanos en función del presente. Sus compatriotas ingleses, en cambio, preservan a las puertas de los Comunes la efigie de Cromwell, quien decapitó a un rey y disolvió el Parlamento.

 

Maduro, quiere regresarnos a las cavernas de Drácula y su Llegado, escrito no por Chávez, sino por un porteño que le gusta jugar al futbol desde pequeño y se bañaba en el malecón de Puerto Cabello con las brisas del mar del Castillo El Libertador, donde murieron muchos detenidos, al igual que los muros oscuros de La Roca Tarpeya, donde militares juegan a la vida, como lo hacemos cada ciudadano que viaja por Venezuela y camina por sus veredas buscando sus propias realidades.

 

Hubo incluso volantazos personales que desataron imposturas como la de Manuel Chaves. En un mitin, llegó a soltarse la coleta que no tenía vociferando que tenían que ganar porque se lo "debemos a nuestros padres y a nuestros abuelos, que lo pasaron muy mal". Siendo aplaudido por quienes palmotean una cosa y su contraria con tal de que proceda de quien los coloca, aquello sonó a burla. ¡Cómo no acordarse de su padre, Antonio, oficial del ejército de Franco en la Guerra Civil, donde se jubilaría de coronel; de su madre, África, dirigente de la Sección Femenina de Falange; de su tío José Antonio González, voluntario en el crucero Canarias, y de su abuelo Remigio González, ¡alcalde de Ceuta a raíz del golpe de Primo de Rivera! Chaves se reconocía en el chiste de El Roto en el que alguien inquiere: "¿Te acuerdas cuando vitoreábamos a Franco?" y otro arguye: "Claro, pero mis vítores eran de protesta".

Se soslaya que ésta no fue una muestra de olvido sino de memoria viva

 

Quienes alardean a Nicolás, no conocen la expresión libertad. Aquella voz que se levantó dentro de los muros de Lagunillas un 1958 en un gran discurso político, alardeando la libertad y su liberación de las esposas comunistas, sin duda, Rómulo Betancourt jamás se equivocó, cuando dio cuenta a su experiencia por los corredores de La Habana y Costa Rica, donde poseía una residencia para reunirse con sus amigos de la época, donde Jóvito Villalba era su mejor aliado.

¿Ahora, quién vitorea a Maduro? Solo Rafael Lacava, con su disfraz oscuro y carnavalesco. No había, más nadie a su lado. Todo su vecindario, amanece en colas en los principales mercados del país, buscando su paquete de Harina Pan.

 

No extraña que la escritora Esther Tusquets, en sus remembranzas Habíamos ganado la guerra, subraye que es la única barcelonesa que se recuerda con sensación de pertenecer al bando vencedor. Nadie lo diría a la luz de las fotos sepia de la masiva y vitoreada acogida al dictador en la Ciudad Condal como colofón de una contienda que el nacionalismo (y la izquierda) pervierte en una guerra de España contra Cataluña, como hizo con la Guerra de Sucesión (Secesión) por el trono de España.

Desde Zapatero en adelante, en efecto, el PSOE prefirió ser hijo de la Guerra Civil más que padre de una Transición que parece huérfana de repente, tras ser la envidia de países deseosos de peregrinar de dictaduras a democracias. Al ver la contumacia del PSOE para mantener en carne viva las heridas de la contienda fratricida, habría que añadir una coda a los versos de Juaristi -inspirados en el epitafio de Kipling a su único hijo, muerto en la Primera Gran Guerra- en los que se pregunta "por qué hemos muerto jóvenes y hemos matado tan estúpidamente". A lo que parece, tras el bucle melancólico que ayer Zapatero y hoy Sánchez trazan sobre aquel pretérito imperfecto, la respuesta ya no sería que "nuestros padres mintieron: eso es todo" porque también lo hacen sus nietos por medio de un antifranquismo retrospectivo. Con tal sobredosis de "memoria histórica" -un oxímoron- pues es memoria o es historia- inmortalizarán a Franco como jamás soñaron los nostálgicos del franquismo.

 

Es que el Generalísimo es un hombre de izquierda y, por eso, Pablo Iglesia desea revivirlo, sacándolo sobre hombre del Valle de Los Caídos, quiere su gloria para sí mismo. Y Zapatero, viene, cual ardilla a revelarle todo a Nicolás y nuestro presidente, le dice a Drácula que se disfrace como gobernador y aquiete al pueblo, como buen comerciante y hotelero que es.

 

 

No por casualidad, en España, los menores de 30 años tienen una opinión infinitamente más desfavorable del franquismo que quienes lo padecieron. Hacen profesa ignorancia de la historia, indefensos ante "la verdad sospechosa" que se les predica, pero más atrayente que la realidad. Con ese revisionismo de la memoria, se acelera una operación destinada a denigrar la Transición

 

de una generación que tenía bien presente los desgarros de la Guerra Civil. De esta guisa, se propicia un nuevo régimen gobernado al alimón por la izquierda y el nacionalismo dentro del cual la España que representan el PP o Cs quedaría sin posibilidades de hacerlo.

 

 

Apropiándose de aquel "contra Franco vivíamos mejor" de la izquierda desencantada con el felipismo socialista, Sánchez hace de esa "memoria histórica" rectificada a golpe de decreto ley un arma ideológica que cuestione la Transición y la Constitución, además de perpetuar las "dos Españas" en el "país de los muertos", según Kant. Nada mejor para ello que desenterrar a Franco y pasear su cadáver como el de José Antonio desde Alicante al Escorial por los falangistas vencedores.

 

A esta procesión macabra, cada gerifalte local sumará los despojos de otros franquistas de relumbrón, como Susana Díaz con Queipo de Llano, a la par que ésta faculta, contra el criterio de la familia, la enésima excavación de Gibson en pos de los restos de García Lorca. Una estampa desgarrada para engrosar el mosaico fúnebre de Danilo Kis sobre aquella nación yugoslava que dejó de serlo aherrojada al fanatismo más sangriento, como "la marrana que devora su camada".

 

Retomando la mórbida necropolítica de Zapatero, Pedro Sánchez exhuma los restos por conveniencia del momento y en una maniobra de distracción para escamotear sus concesiones inadmisibles a sus socios separatistas y podemitas, quienes posibilitaron la moción de censura del cautivo de La Moncloa con sus raquíticos 84 escaños en un hemiciclo de 350. Agitando el espantajo de Franco, sustrae la atención sobre esos lesivos consentimientos.

 

Nuestro príncipe, hace de fiesta desde Miraflores con sus festejadores a su alrededor y un Vladimir Padrino López que pone a su tropa a cuidar alimentos, en vez de pertrecharse en la frontera, tierra del ELN y FARC. Toda una realidad geopolítica a nuestro alrededor.

 

De un lado, con quienes perpetraron el intento de golpe de Estado del 1-O en Cataluña, a los que entrega la calle para poner boca abajo los retratos del Rey colgados de las espadañas, o para fijar amenazantes horcas amarillas en las marquesinas, mientras desprotege a los constitucionalistas y señaladamente al instructor de la causa golpista, como si el juez Llarena fuera parte en un pleito entre particulares, y no una causa de Estado; de otro, menoscaba las instituciones allanándose a un Podemos bolivariano que ha hecho de la democracia venezolana una dictadura de miseria y crimen. Cuando el podemita Echenique habla de mayoría espuria del PP en el Senado, evoca el fantasma de la asamblea constituyente de Maduro para sustraer la representación legítima del pueblo venezolano.

 

Si Mitterrand favoreció a Jean-Marie Le Pen para momificarse en El Elíseo y González propulsó a Gil, tras indultarlo como Franco, para que le afeitara votos al bigote a Aznar, qué no hará Sánchez para estirar sus diputados. Una estrategia burda, pero eficaz, disponiendo de un bien artillado aparato de agitación y propaganda. Luego de apoderarse de RTVE, purgarla de refractarios y avenirse con la izquierda mediática que le despreciaba y vejaba.

 

La propuesta de desenterrar a Franco con el apoyo de Podemos y por la vía de urgencia es, así, la oportunidad de poner al PSOE donde nunca estuvo desde que murió el dictador: supone aceptar como válida la premisa de algunos historiadores de extrema izquierda, así como de los dirigentes de Podemos, según la cual la dictadura no murió con la aprobación de la Constitución. Toca enterrarla de verdad, aunque sea simbólicamente. Sánchez ha creído que tiene la oportunidad de matar no dos, sino tres pájaros de un tiro poco antes de presentarse a las urnas: con Franco fuera del Valle de los Caídos noqueará por unas semanas a un PP en supuesta transición; desarmará en parte la crítica de la extrema izquierda; y pondrá tierra entre el viejo pactismo felipista -tan identificado con el bipartidismo- y un socialismo renovado.

¿Ahora, quién vitorea a Maduro?

 

Espero, que nuestro presidente Maduro se de cuenta de su realidad y contexto histórico.

 

 

 


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Emiro Vera Suárez (731 noticias)
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