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“El cuaderno prohibido” de Alba De Céspedes ante el espejo

05/09/2018 20:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

A través del libro "Cuaderno prohibido" de Alba De Céspedes, la protagonista debe ocultar lo que escribe en su diario en busca de su intimidad. Cuando tener un diario en el s.XX y estar en redes sociales en el s.XXI define a la sociedad llegamos ante "El Yo Espejo" de Charles Horton Colley

Tras leer este artículo a continuación, seguramente, accederas a una red social, o quizás ahora lees estas líneas tras ojear a tus seguidores. Si continuas leyendo es posible que en algún momento te suceda algo - una llamada de teléfono, un mensaje, recibir alguna fotografía - que te haga teclear varios caracteres y mostrar al mundo digital lo que te acaba de pasar. Así todos podremos comentarlo, criticarlo, aplaudir o reir con emoticonos. Lo ocurrido formará parte de un mundo de desconocidos, conocidos y algún amigo. Cómo lo escribas depende de ti y tu libertad de expresión aprendida. Lo que muestres de tu vida está en tus manos, sin embargo, cuando lo sueltes no podrás volver a cogerlo ni ocultar. Así entiendo el s.XXI un todo de redes sociales con un poco de intimidad. Recuerdo el año 2.000, aquellos momentos finales del año 1.999 cuando decían que acabaría el mundo. El mundo sigue, pero algo acabó. Los secretos adquirieron otro valor, la comunicación cambió y ¿eres tu de los que sigue escribiendo en un Diario? Pocos debemos ser, aquello acabó. Los diarios que venden con un candado y su llave pequeña llaman tanto la atención que te obliga a sumergirte en la misión de buscar el lugar perfecto donde esconderlo. ¿esconder tu día a día en el s.XX? ¿pero alguien se esconde en las redes sociales en el s.XXI?

No quiero pensar en el lugar donde esconder el diario ni lo que escribo, al fin y al cabo, de demasiados momentos me he escondido como para seguir pensando en rincones ocultos. Pero sí forma parte de una conciencia personal esconder los pensamientos en líneas y el desahogo en palabras, íntimas y personales, no sociales. Pudiendo volver a imaginar aquellas sensaciones del año 1.995:

13 de agosto de 1995

<<Recuerdo un verano que caminaba con mi padre por el pueblo, no recuerdo si íbamos a comprar el pan ni por qué nos paramos delante de la librería. Vivíamos en un pueblo de costa y aún recuerdo ese viento entremezclado con la sal del mar (cómo ha cambiado todo tras mudarnos a la ciudad). El librero había colocado unas estanterías de metal al lado de la entrada repletas de libros con un cartel de cartulina que indicaba: 100 pesetas. No era una cantidad elevada de dinero por un libro, de hecho, era más propio a un precio simbólico. Empecé a mirar si veía algún libro que me pudiera interesar, quizás algún comic, una novela histórica o quizás algún diario, aunque un diario sería lo suficientemente improbable cuando más allá del Diario de Anna Frank o el Diario de Zlata pocos diarios más había visto en aquella librería. Cogí un libro desgastado con las esquinas dobladas e incluso con algo de polvo. La portada, blanca, con letras rojas y en el medio su título: “El cuaderno prohibido” de Alba De Céspedes. Las páginas amarillas se dividían en fechas y mis ojos se abrieron como si de una gran sorpresa se tratara, ¡había encontrado un diario! ¿de quién sería? mi padre me miró agarrando ese libro con las mismas ganas que tenía de empezar a leerlo, me sonrió y le dio al librero las 100 pesetas. En aquel momento yo tendría 12 años.

Cuando llegamos a casa me senté en mi habitación orgullosa de mi gran hallazgo. Empecé a imaginar una historia sobre el por qué había acabado en mis manos ese diario. “Es un libro que me esperaba a mi”, pensé, “es un libro muy antiguo que cayó detrás de alguna estantería y estuvo ahí durante años sin que el librero se diera cuenta. Cuando quiso poner la oferta de libros lo descubrió, desgastado, con las esquinas envejecidas y ante su mal estado lo colocó por 100 pesetas. Cayó detrás de la estantería porque debía ser yo quien lo encontrara”.

Convencida de mi historia empecé a leer aquél "Cuaderno prohibido". La protagonista era una madre, ¡vaya, como mi madre!, pensé. Vive con su marido y sus dos hijos. Una mañana de domingo fue a comprar el periódico y vio un diario con una preciosa portada de colores y su pequeño candado. Ahí estaba colocado en la estantería de aquél quisco. Sin saber porqué lo compró, pero al regresar a casa pensó que había sido un error, nunca había escrito en un diario y si lo hacía debería esconderlo. Además, “escribir sería ocultar secretos” pensó.  Tras cuestionar su decisión llegó el día que decidió empezar a escribir. Debía esconderlo y en un lugar perfecto, hasta que encontró aquél sitio oculto: en la bolsa de las patatas debajo del fregadero de la cocina. Temía que su marido o sus hijos lo descubrieran y a pesar de la pequeña llave que cierra el candado pudieran leerlo, pero se convencía que la bolsa de patatas era el escondite perfecto.>>

Las personas incomprendidas de todos los tiempos y naturalezas han escrito diarios

Con las primeras líneas de aquél libro empecé a sumergirme en el pensamiento de aquellas mujer y decidí que nunca voy a buscar un lugar secreto para ocultar lo que escribo. Simplemente cogeré una libreta que será mi precioso diario, porque escribir en una libreta debe pasar desapercibido, nadie la mirará. Desacerme de aquellos pensamientos que ella tuvo al sentir que ocultaba algo al escribir y ocultar lo escrito. Simplemente debía escribir. Sin embargo, en el s.XXI debes contar cada día al mundo social una página nueva.

Tras leer este artículo y antes de acceder a una red social, puedes pensar que un diario no es práctico cuando la necesidad de escribir es la necesidad de comunicar siendo práctico si se expande. 

A este pensamiento invita "El Yo Espejo" de Charles Horton Colley, cuando habla de Montaige del que quizás compartas su idea: “para mí no hay placer sin comunicación: no hay idea brillante que se me presente a la mente, que no me entristezca haber producido solo, y que no tengo nadie a quien contársela”.

Curiosa afirmación cuando decidió escribir en muchos diarios sus pensamientos sin que nadie los pudiera apreciar. Así es como Collet afirma que las personas incomprendidas de todos los tiempos y naturalezas han escrito diarios por la misma razón. Así pues, en general, un verdadero impulso creativo en literatura o arte es, en cierto aspecto, la expresión de una simple e infantil necesidad de pensar en voz alta o para alguien, para definir y vivificar el pensamiento al compartirlo con un compañero imaginario, desarrollando ese elemento comunicativo que pertenece a su auténtica naturaleza, y sin el cual no puede vivir ni crecer. Muchos autores han confesado que piensan en alguna persona al escribir, y Collet se inclinó a creer que siempre es más o menos así, aunque el mismo escritor no se dé cuenta de ello.

Emerson dice en algún lugar, “el hombre es la mitad sí mismo y la otra mitad su expresión”, realmente cierto. ¿Lo escribiras en tus redes sociales y lo analizaras en tu diario?

“El hombre es la mitad sí mismo y la otra mitad su expresión”

 

 


Sobre esta noticia

Autor:
Joanna Lagunowicz (27 noticias)
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Tipo:
Opinión
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